viernes, 23 de junio de 2017

No tengan miedo – XII Domingo Ordinario


Jeremías 20, 10-13: “El Señor ha salvado la vida de su pobre de la mano de los malvados”
Salmo 68: “Escúchame, Señor, porque eres bueno”
Romanos 5, 12-15: “El don de Dios supera con mucho el delito”
San Mateo 10, 26-33: “No tengan miedo a los que matan el cuerpo”


¿Quién será más testarudo? Todos le dicen que está jugando con fuego, pero él asegura que antes muerto que rendirse. Me explico: tiene un pequeño negocio a la salida de la ciudad. Hasta hace algunos años, le iba bastante bien y hasta para darse “algunos gustos de más”, le alcanzaba. Así fue forjando el futuro de sus hijos, les dio estudios, y alguno ha puesto también ya su negocito… pero de hace algunos años a la fecha, ha sufrido asaltos, extorsiones, cobros de piso… y hasta graves amenazas de muerte. Todos le dicen que se dedique a otra cosa, que busque otro lugar… pero él insiste que hacerlo sería rendirse. “Prefiero morir en la raya, antes que arrodillarme ante el miedo”.
Aunque quisiéramos disimular la realidad, el temor y la inseguridad, como lo demuestran muchas encuestas, son el pan de cada día y una de las mayores preocupaciones de nuestro tiempo. No podemos abandonar la casa, no podemos caminar con seguridad, no podemos ni siquiera confiar en los más cercanos. De todos se duda, la desconfianza ha ganado un espacio en nuestro corazón. Por eso me llama mucho la atención la insistencia del Evangelio de este día: “No tengan miedo” Y se lo dice a sus apóstoles que realmente corrían graves peligros. El pasaje evangélico que hoy leemos forma parte de las instrucciones que Jesús da a sus discípulos cuando los envía a la misión, como ya lo veíamos hace ocho días. Los exhorta a no dejarse vencer por el desánimo, el temor o las críticas de los hombres. Incluso se percibe como una advertencia a no temer a los grupos armados y a las fuerzas que de una y otra parte surgían: Roma para mantener subyugados a los pueblos tributarios y las innumerables rebeliones que buscaban atacar y dañar a Roma. Y, en medio de los conflictos, los mensajeros del Evangelio. ¿Cómo no tener miedo?
El miedo paraliza, el miedo provoca equivocaciones, el miedo nos ata. La invitación a no tener miedo se repite varias veces y recuerda pasajes como el de Jeremías que tenía que proclamar un mensaje molesto para los demás y peligroso para él. Pero en la primera lectura, el profeta aparece confiado en las manos de Dios. Las enseñanzas de Jesús se dirigen a sus discípulos y pretenden infundir fortaleza y valor ante el rechazo o la persecución. Cada vez que se invita a no temer, se mencionan los motivos por los cuales los testigos del Evangelio no deben temer miedo. Así, a cada una de las expresiones: “No tengan miedo”, se suma una nueva razón. En primer lugar el Evangelio posee una fuerza imparable y el mensaje que Jesús ha encargado terminará por hacerse público. En segundo lugar, sitúa a los discípulos ante el juicio final para hacerles comprender que el juicio de los hombres no es definitivo, sino el de Dios. No dependen de la estima que tengan los hombres por ellos, sino de su real fidelidad al amor y a la Palabra de Dios. Por último se establece la mayor seguridad: estamos en manos Dios, Padre providente, cuya solicitud llega a vencer extremos insospechados. El Evangelio, la verdad y el amor de Dios-Padre, son las razones que Jesús ofrece para seguridad de sus discípulos.
Nada más peligroso que la incertidumbre y el temor. Pero, ¿nosotros en qué basamos nuestra seguridad? Construimos fortalezas, ponemos nuevas cerraduras, doble candado y alarma; y terminamos prisioneros de nosotros mismos y con el enemigo dentro de nuestros hogares. Crece entre nosotros el miedo social, la sospecha de todo, la inseguridad y la necesidad de defenderse y buscar cada uno la salida a su propia vida. Pero muchas veces descuidamos lo esencial. Llevamos a nuestros hogares la envidia y el orgullo, la valoración superficial de la persona, se utiliza la mentira, se engaña y se prostituye… Tememos a los que matan el cuerpo, pero llevamos con nosotros a los que matan el alma. El miedo hace imposible la construcción de una sociedad más humana, el miedo destruye la libertad, el miedo ata y empobrece.
Cristo no está exento de peligros y es muy consciente de los que afrontarán sus discípulos, pero también confirma la fuerza y la seguridad de la Buena Nueva que se anuncia, de la verdad que se proclama y del amor en que confiamos. Me cuestiona sobre todo por lo que hacemos todos los días y en especial en el nivel educativo. No estamos educando en los verdaderos valores, en el servicio y en amor. Desde la infancia se adquieren miedos y complejos, ansias y anhelos que no son los que propone Cristo. Queremos salvar el árbol fumigando solamente las ramas pero no vamos a la raíz, donde encuentra su sostén. Cuando un corazón está vacío, ¿cómo podremos convencerlo que luche por grandes ideales? Cuando se ha aprendido a depender en todo momento de las cosas materiales, ¿cómo pedir que se entusiasmen por el proyecto de Jesús que nos pide amar a todos? Cuando lo que importa es el que dirían, ¿cómo construir un corazón sincero y recto? La fama, el dinero, el placer son los criterios que van aprendiendo los niños en casa. Y después se sienten desprotegidos pues no hay dinero suficiente que forje un verdadero hombre o una verdadera mujer, si no se han sembrado los valores en su corazón.
Platiquemos con Jesús cuáles son nuestros miedos, cuáles son nuestras seguridades, si estamos dando más importancia a los que matan el cuerpo o a los que matan el alma, si hemos entrado en la espiral de la violencia. ¿Qué pensamos cuando Cristo nos dice que no tengamos miedo y nos ofrece como seguridad los brazos amorosos de un Padre providente?
Padre misericordioso, que nunca dejas de tu mano a quienes has hecho arraigar en tu amistad, concédenos vivir siempre movidos por tu amor; ayúdanos a descubrir cuáles son los verdaderos peligros que están destruyendo nuestras familias, nuestra sociedad y nuestra Iglesia; y danos la fortaleza y sabiduría necesarias para afrontarlos. Amén.

jueves, 22 de junio de 2017

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

P. Antonio Rivero, L.C. 

Ciclo A – Textos: Dt 7, 6-11; 1 Jn 4, 7-16; Mt 11, 25-30
Idea principal: El Sagrado Corazón es la fuente inagotable del amor de Dios para el mundo.
Resumen del mensaje: El culto al Sagrado Corazón de Jesús es la quintaesencia del cristianismo, pues siendo éste obra de amor en su origen, desarrollo y consumación, no puede armonizarse más adecuadamente con ninguna otra devoción.
Puntos de la idea principal:
En primer lugar, contemos un poco la historia de esta solemnidad. La devoción al Corazón de Jesús fue muy común en la Edad Media, sobre todo en el monasterio benedictino de Helfta, en el cual profesaron santa Matilde y santa Gertrudes, tan conocida por sus escritos sobre el corazón de Jesucristo. El culto litúrgico al Corazón de Jesús fue promovido por san Juan Eudes (1601-1680). Su obispo le dio permiso para celebrar la fiesta del Corazón de Jesús el 31 de agosto en las casas de la Congregación fundada por él. Las apariciones a Santa Margarita María de Alacoque en Paray-le-Monial (1647-1690) dieron un gran impulso a esta devoción, juntamente con su director espiritual jesuita san Claudio de la Colombière. Primero se aprobó la fiesta en Polonia y España, por el papa Clemente XIII en 1765. Y sólo en 1856 Pío IX extendió la fiesta del Corazón de Jesús a toda la Iglesia. Y en 1889 se elevó a la categoría litúrgica con León XIII. Se trata de una fiesta de reparación al Amor que no es amado. Pablo VI la elevó a categoría de solemnidad y nos invita a acercarnos al Corazón de Cristo y beber gozosamente en la fuente de la salvación.
En segundo lugar, esta solemnidad nos invita a contemplar ese Corazón de Jesús que tanto ha amado a los hombres y que sigue abierto desde la cruz para que a él nos asomemos; a consolarlo con pequeños gestos de amor y sacrificios por parte nuestra, pues de no pocos recibe ingratitud y desprecio; y después, a imitarlo en esas virtudes que resplandecieron en ese divino y humano Corazón: humildad, mansedumbre, caridad y misericordia.
Finalmente, en ese Corazón de Jesús, como nos dice el evangelio, encontraremos descanso para nuestras fatigas, alivios para nuestros dolores, remedios para nuestras enfermedades interiores (colesterol alto o bajo, diabetes), y ensanchamiento de nuestras espaldas para cargar con el yugo de Cristo en nuestra vida. Y si nuestro corazón no nos funciona y no ama, tengamos la confianza de pedir a Jesús un trasplante de corazón. ¡Vayamos a Él y digámosle: “Jesús, toma mi corazón; dame el Tuyo”.
Para reflexionar: ¿qué es lo que me llama más la atención de esta solemnidad? ¿A qué me compromete esta fiesta? ¿Estoy dispuesto a amar a mis hermanos, como Cristo los ama?
Para rezar: atrevámonos a hacer este acto de consagración que hizo santa Margarita María de Alacoque, confidente del Sagrado Corazón de Jesús en el siglo XVII en Francia:
Corazón sagrado de mi amado Jesús: yo, aunque vilísima criatura, os doy y consagro mi persona, vida y acciones, penas y padecimientos, deseando que ninguna parte de mi ser me sirva si no es para amaros, honraros y glorificaros. Esta es mi voluntad irrevocable: ser todo vuestro y hacerlo todo por vuestro amor, renunciando de todo mi corazón a cuanto pueda desagradaros. Os tomo, pues, oh Corazón divino, por el único objeto de mi amor, protector de mi vida, prenda de mi salvación, remedio de mi inconstancia, reparador de todas las culpas de mi vida; y asilo seguro en la hora de mi muerte. Sed, pues, oh Corazón bondadoso, mi justificación para con Dios Padre, y alejad de mi los rayos de su justa cólera. Oh Corazón amoroso, pongo toda mi confianza en vos, pues aunque lo temo todo de mi flaqueza, sin embargo, todo lo espero de vuestra misericordia; consumid en mi todo lo que os desagrada y resiste, y haced que vuestro puro amor se imprima tan íntimamente en mi corazón, que jamás llegue a olvidaros ni a estar separado de vos. Os suplico, por vuestra misma bondad, escribáis mi nombre en vos mismo, pues quiero tener cifrada toda mi dicha en vivir y morir como vuestro esclavo. Amén.

Un pastor es apasionado por su pueblo y sabe denunciar el mal

El Papa en Santa Marta

La primera lectura de hoy, de la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios (11,1-11) nos dice las características que debería tener un buen pastor. De hecho, el mismo San Pablo es figura del pastor verdadero que no abandona a sus ovejas, como haría en cambio un mercenario. Y la primera cualidad es ser apasionado. Apasionado hasta el punto de decir a su gente, a su pueblo: Yo siento por vosotros una especie de celo divino. Es divinamente celoso. Una pasión que se convierte casi en locura, en necedad por su pueblo. Es el rasgo que llamamos celo apostólico: no se puede ser un verdadero pastor sin ese fuego dentro.
La segunda característica es que el pastor debe ser un hombre que sabe discernir. Sabe que en la vida existe la seducción. El padre de la mentira es un seductor. El pastor, no. El pastor ama. ¡Ama! En cambio, la serpiente, el padre de la mentira, el envidioso es un seductor que intenta alejarnos de la fidelidad, porque ese celo divino de Pablo era para llevar al pueblo al único esposo, para mantener al pueblo fiel a su esposo. En la historia de la salvación, en la Escritura, muchas veces vemos el alejamiento de Dios, las infidelidades al Señor, la idolatría, y se cuentan como si fuesen una infidelidad matrimonial. Así pues, la primera característica del pastor es que sea apasionado, que tenga celo, que sea celoso; y la segunda, que sepa discernir: discernir dónde están los peligros, dónde están las gracias, dónde está el verdadero camino. Eso significa que acompaña siempre a las ovejas: en los momentos buenos y en los malos, hasta en los momentos de la seducción, y con paciencia los lleva al redil.
Y la tercera característica es la capacidad de denunciar. Un apóstol no puede ser ingenuo: ‘Ah, qué bien, sigamos adelante, todo va bien. Hagamos una fiesta’. Porque hay que defender la fidelidad al único esposo, a Jesucristo. Y sabe condenar en concreto: decir ‘eso no’, como los padres dicen al niño cuando comienza a gatear y va a meter los dedos en el enchufe: ‘¡No, eso no! ¡Es peligroso!’. Me viene a la cabeza tantas veces aquel ‘tuca nen’ (no toques nada), que mis padres y abuelos me decían en los momentos en que había un peligro. El Buen Pastor sabe denunciar, con nombre y apellidos, como hacía precisamente San Pablo. En mi reciente visita a Bozzolo y Barbiana, lugar de esos dos buenos pastores italianos, me contaron que Don Milani tenía como lema, cuando enseñaba a los niños: I care. ¿Qué significa? Me lo explicaron: con eso quería decir ‘me importa’. Enseñaba que las cosas se debían tomar en serio, contra el lema de moda en aquel tiempo que era ‘no me importa’, pero dicho con otro lenguaje que no atrevo a decir aquí. Y así enseñaba a los niños a ir adelante. Preocúpate: cuida de tu vida, y ‘¡eso no!’. Saber denunciar lo que va contra tu vida. Porque muchas veces perdemos esa capacidad de condena y queremos llevar adelante a las ovejas con ese buenismo que no solo es ingenuo, sino que hace daño. El buenismo de las componendas, para atraer la admiración o el amor de los fieles, dejando hacer.
Pablo el Apóstol, el celo apostólico de Pablo, apasionado, celoso: primera característica. Hombre que sabe discernir porque conoce la seducción y sabe que el diablo seduce: segunda característica. Y un hombre con capacidad de condena de las cosas que harán daño a sus ovejas: tercera característica. Pidamos por todos los pastores de la Iglesia, para que San Pablo interceda ante el Señor, y que todos los pastores podamos tener esos tres rasgos para servir al Señor.

miércoles, 21 de junio de 2017

Los santos nos acompañan con su intercesión en los momentos claves de nuestra vida

El Papa en la Audiencia General

Queridos hermanos y hermanas, buenos días. En el día de nuestro Bautismo resonó para nosotros la invocación de los santos. Muchos de nosotros, en aquel momento éramos bebés, llevados en brazos por nuestros padres. Poco antes de realizar la unción con el óleo de los catecúmenos, símbolo de la fuerza de Dios en la lucha contra el mal, el sacerdote invitó a toda la asamblea a rezar por los que iban a recibir el Bautismo, invocando la intercesión de los santos. Esa era la primera vez que, en el curso de nuestra vida, se nos regalaba esa compañía de hermanos y hermanas “mayores” −los santos− que pasaron por nuestra misma senda, que conocieron nuestras mismas fatigas y viven para siempre en el abrazo de Dios. La Carta a los Hebreos define esa compañía que nos rodea con la expresión «multitud de testigos» (12,1). Así son los santos: una multitud de testigos.
Los cristianos, en el combate contra el mal, no se desesperan. El cristianismo cultiva una incurable confianza: no cree que las fuerzas negativas y disgregadoras puedan prevalecer. La última palabra sobre la historia del hombre no es el odio, no es la muerte, no es la guerra. En todo momento de la vida nos asiste la mano de Dios, y también la discreta presencia de todos los creyentes que «nos han precedido con el signo de la fe» (Canon Romano). Su existencia nos dice ante todo que la vida cristiana no es un ideal inalcanzable. Y a la vez nos consuela: no estamos solos, la Iglesia está hecha de innumerables hermanos, a menudo anónimos, que nos han precedido y que por la acción del Espíritu Santo están implicados en los avatares de quienes aún viven aquí abajo.
La del Bautismo no es la única invocación de los santos que marca el camino de la vida cristiana. Cuando dos novios consagran su amor en el sacramento del Matrimonio, se invoca de nuevo para ellos −esta vez como pareja− la intercesión de los santos. Y esa invocación es fuente de confianza para los dos jóvenes que parten para el “viaje” de la vida conyugal. Quien ama de verdad tiene el deseo y el valor de decir “para siempre” −“para siempre”− pero sabe que necesita la gracia de Cristo y la ayuda de los santos para poder vivir la vida matrimonial para siempre. No como dicen algunos: “hasta que dure el amor”. No: ¡para siempre! Si no, es mejor que no te cases. O para siempre o nada. Por eso, en la liturgia nupcial se invoca la presencia de los santos. Y en los momentos difíciles hay que tener el valor de alzar los ojos al cielo, pensando en tantos cristianos que han pasado por la tribulación y han mantenido blancas sus vestiduras bautismales, lavándolas en la sangre del Cordero (cfr. Ap 7,14): así dice el Libro del Apocalipsis. Dios nunca nos abandona: cada vez que lo necesitemos vendrá un ángel suyo a levantarnos y a infundirnos consuelo. “Ángeles” alguna vez con un rostro y un corazón humano, porque los santos de Dios están siempre aquí, escondido en medio de nosotros. Esto es difícil de entender y también de imaginar, pero los santos están presentes en nuestra vida. Y cuando alguno invoca a un santo o a una santa, es precisamente porque está cerca de nosotros.
También los sacerdotes conservan el recuerdo de una invocación a los santos pronunciada sobre ellos. Es uno de los momentos más impactantes de la liturgia de la ordenación. Los candidatos se postran en tierra, con la cara hacia el suelo. Y toda la asamblea, dirigida por el Obispo, invoca la intercesión de los santos. Un hombre quedaría aplastado bajo el peso de la misión que le viene encomendada, pero sintiendo que todo el paraíso está a sus espaldas, que la gracia de Dios no le faltará porque Jesús siempre es fiel, entonces se puede partir serenos y reforzados. No estamos solos.
¿Y qué somos nosotros? Somos polvo que aspira al cielo. Débiles nuestras fuerzas, pero poderoso el misterio de la gracia que está presente en la vida de los cristianos. Seamos fieles a esta tierra, que Jesús amó en todo instante de su vida, pero sabemos y queremos esperar en la transfiguración del mundo, en su cumplimiento definitivo donde finalmente ya no habrá lágrimas, maldad ni sufrimiento.
Que el Señor nos dé a todos la esperanza de ser santos. Pero alguno de vosotros podría preguntarme: “Padre, ¿se puede ser santo en la vida de todos los días?” Sí, se puede. “¿Y eso significa que tenemos que rezar todo el día?” No, significa que debes cumplir tu deber todo el día: rezar, ir al trabajo, cuidar a tus hijos. Pero hay que hacerlo todo con el corazón abierto a Dios, de modo que el trabajo, también en la enfermedad y en el sufrimiento, hasta en las dificultades, esté abierto a Dios. Y así se puede ser santos. Que el Señor nos dé la esperanza de ser santos. ¡No pensemos que es algo difícil, que es más fácil ser delincuentes que santos! No. Se puede ser santos porque nos ayuda el Señor; es Él quien nos ayuda.
Es el gran regalo que cada uno de nosotros puede hacer al mundo. Que el Señor nos dé la gracia de creer tan profundamente en Él que seamos imagen de Cristo para este mundo. Nuestra historia necesita “místicos”: personas que rechacen todo dominio, que aspiren a la caridad y a la fraternidad. Hombres y mujeres que viven aceptando también una porción de sufrimiento, porque se hacen cargo de la fatiga de los demás. Pero sin esos hombres y mujeres el mundo no tendría esperanza. Por eso, os deseo a vosotros −y también a mí− que el Señor nos dé la esperanza de ser santos. Gracias.
Saludos
Me alegra saludar a los peregrinos y fieles de lengua francesa, venidos de Francia y Suiza. Por la intercesión de todos los santos, que el Señor nos conceda la gracia de creer profundamente en él para ser imagen de Cristo para este mundo. Que la compañía de los santos nos ayude a reconocer que Dios nunca nos abandona, para manifestar la esperanza en esta tierra. Dios os bendiga.
Saludo a los peregrinos de lengua inglesa presentes en esta audiencia, especialmente a los que vienen de Escocia, Grecia, Hong Kong, Indonesia, Filipinas y Estados Unidos de América. Sobre todos vosotros y sobre vuestras familias invoco la alegría y la paz de nuestro Señor Jesucristo.
Dirijo un cordial saludo a los peregrinos provenientes de países de lengua alemana. El Señor invita a su pueblo a ser santos como Él es santo (cfr. Lv 19,2). Queramos acoger esta invitación con prontitud, poniéndonos al servicio los unos de los otros de modo concreto en la vida de cada día. Que el Espíritu Santo os guíe en vuestro camino.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Que el Señor nos conceda la gracia de ser santos, de convertirnos en imágenes de Cristo para este mundo, tan necesitado de esperanza, de personas que, rechazando el mal, aspiren a la caridad y a la fraternidad. Que Dios os bendiga.
Dirijo un cordial saludo a todos los peregrinos de lengua portuguesa, en particular a los fieles de Jundiaí, São Carlos y Santo André. Queridos amigos, el mundo necesita santos y todos nosotros, sin excepciones, estamos llamados a la santidad. ¡No tengamos miedo! Con la ayuda de los que ya están en el cielo, dejémonos transformar por la gracia misericordiosa de Dios que es más poderosa que cualquier pecado. Dios os bendiga siempre.
Dirijo una cordial bienvenida a los peregrinos de lengua árabe, en particular a los que vienen de Oriente Medio. Queridos hermanos y hermanas, los Santos son personas que antes de alcanzar la gloria del cielo han vivido una vida normal, con alegrías y dolores, fatigas y esperanzas; pero cuando conocieron el amor de Dios, lo siguieron con todo el corazón, y nos dan un mensaje que dice: “¡fiaos del Señor, porque el Señor nunca defrauda! Es un buen amigo siempre a nuestro lado”, y con su ejemplo nos anima a no tener miedo de ir contracorriente. Que el Señor os bendiga.
Saludo cordialmente a los peregrinos polacos. Queridos hermanos y hermanas, en nuestro camino de fe, sobre todo en los momentos difíciles, hay que tener el valor de alzar los ojos al cielo, pensando en los santos que, en la tierra, vivieron sus diarias alegrías y tribulaciones junto a Cristo, y ahora viven con Él en la gloria del Padre celestial. Son para nosotros testigos de esperanza, nos dan ejemplo de vida cristiana y nos sostienen en nuestra aspiración a la santidad. Que su intercesión os acompañe siempre. Os bendigo de corazón. Sea alabado Jesucristo.
Dirijo una cordial bienvenida a los fieles de lengua italiana. Me alegra recibir a los diáconos del Pontificio Colegio Urbano de Propaganda Fide; a las Clarisas franciscanas misioneras del SS. Sacramento y a los misioneros de Scheut con ocasión de sus respectivos Capítulos Generales: animo a cada uno a vivir la misión con ojos atentos a las periferias humanas y existenciales. Saludo al grupo de alcaldes y administradores del Logudoro, acompañados por el Obispo de Ozieri, Mons. Corrado Melis, y a los de la Asociación Ciudad del Santísimo Crucifijo, deseando que realicen un generoso servicio al bien común. Saludo al comando para la protección forestal y ambiental del Arma de Carabineros, y a la comunidad Amor y Libertad, a quienes animo a sostener los esfuerzos en favor de la educación de los jóvenes en la República Democrática del Congo.
Con ocasión de la Jornada Mundial del Refugiado, que la comunidad internacional celebró ayer, el lunes pasado quise recibir a una representación de refugiados que están hospedados en las parroquias e institutos religiosos romanos. Quisiera aprovechar esta ocasión de la Jornada de ayer para expresar mi sincero aprecio por la campaña para la nueva ley migratoria: “Fui extranjero – La humanidad que hace bien”, la cual goza del apoyo oficial de Caritas italiana, Fundación Migrantes y otras organizaciones católicas.
* * *
Un pensamiento especial para los jóvenes, los enfermos y los recién casados. El viernes próximo se celebra la Solemnidad del Sacratísimo Corazón de Jesús, día en que la Iglesia sostiene con la oración y el cariño a todos los sacerdotes. Queridos jóvenes, sacad del Corazón de Jesús el alimento de vuestra vida espiritual y la fuente de vuestra esperanza; queridos enfermos, ofreced vuestras penas al Señor, para que infunda su amor en el corazón de los hombres; y vosotros, queridos recién casados, participad en la Eucaristía, para que, alimentados por Cristo, seáis familias cristianas tocadas por el amor de su Corazón divino.

martes, 20 de junio de 2017

Sed de absoluto para no volverse funcionarios de lo sagrado


El Papa en su viaje a Barbiana


Después de haber visitado este martes por la mañana la tumba del párroco italiano don Mazzorari en la pequeña ciudad de Bozzoli, en el norte de Italia, hacia las hacia las 11:30 el Papa llegó en helicóptero a Barbiana en las inmediaciones de Florencia, donde fue recibido por el cardenal y arzobispo Giuseppe Bertori y las autoridades civiles.
De allí fue al cementerio para la visita privada a la tumba de Don Milani. Poco después en la iglesia local saludó algunos discípulos y ex alumnos del profesor florentino. A continuación, en el exterior de la pequeña iglesia, el Santo Padre dirigió unas palabras.
“Vine a Barbiana para rendir homenaje a la memoria de un sacerdote que dio testimonio de cómo en el donarse a Cristo, se encuentran a los hermanos en sus necesidades y se los sirve”, dijo. Y a los ex-alumnos de este sacerdote les indicó que ellos fueron “testimonios de su pasión educativa, de su intento de despertar en las personas lo humano para abrirse a lo divino”.
Indicó que la escuela para don Lorenzo, no era una cosa distinta de su misión de cura, sino el modo concreto de desarrollar esta misión”, ya que es necesario “dar a los pobres la palabra, porque sin la palabra no hay dignidad y por lo tanto ni siquiera libertad y justicia. Esto nos enseña don Milani”.
El Papa quiso en esta oportunidad agradecer “a todos los educadores, y los que se ponen al servicio del crecimiento de las nuevas generaciones, en particular a los que se encuentran en situación de dificultad”.
Señaló entretanto que “sin esta sed de absoluto se puede ser buenos funcionarios de lo sagrado, pero no se puede ser sacerdotes, verdaderos sacerdotes capaces de volverse servidores de Cristo en los hermanos.
Exhortó por ello a los sacerdotes a “ser hombres de fe, de una fe inquieta, no aguada y hombres de caridad pastoral hacia todos aquellos que el Señor nos confía como hermanos e hijos”. Y que don Lorenzo “nos enseña a amar a la Iglesia, como él la quería” reconociendo que “las verdades pueden crear también tensiones, pero nunca fracturas”.
Al concluir sus palabras el Papa indicó que su gesto quiere ser un reconocimiento de la fidelidad de don Milani al Evangelio y de la rectitud de su acción pastoral. Y tras recordar una palabras de la madre de don Milani, señaló que un sacerdote “transparente y duro como un diamante” sigue transmitiendo la luz de Dios en el camino de la iglesia.

“¡No les dejemos solos! Acompañar a los padres en la educación de los hijos adolescentes”

El Papa ayer en San Juan de Letrán


«Como decía aquel sacerdote: “Antes de hablar, voy a decir algunas palabras.”
Quiero dar las gracias al cardenal Vallini por sus palabras y diré algo que él no podía decir, porque es un secreto, pero el Papa puede decirlo. Cuando, después de la elección, me dijeron que tenía que ir primero la Capilla Paulina y luego salir al  balcón para saludar a la gente, de inmediato me vino a la mente el nombre del cardenal vicario: “Yo soy obispo, hay un vicario general … “. Inmediatamente. Lo sentí con  simpatía. Y lo llamé. Y por otro lado, el cardenal Hummes, que estaba a mi lado durante las elecciones y me decía cosas  que me ayudaron. Estos dos me acompañaron , y desde aquel momento me dije: “En el balcón con mi Vicario.” Allí, en el balcón. A partir de ese momento me ha acompañado, y quiero darle las gracias. Él tiene muchas virtudes e incluso un sentido de la objetividad que me ha ayudado muchas veces, porque a veces yo “vuelo”  y él me hace  “aterrizar” con tanta caridad … Gracias, Eminencia, por la compañía. Pero el cardenal Vallini no se jubila, porque pertenece a seis congregaciones y seguirá trabajando, y es mejor así, porque un napolitano sin trabajo sería una calamidad, en la diócesis … [El Papa ríe; risas, aplausos] Quiero dar las gracias al público por su ayuda. ¡Gracias!

Gracias por la oportunidad de comenzar este congreso diocesano, que tratará un tema importante para la vida de nuestras familias: Acompañar a los padres en la educación de los hijos adolescentes.
En estas jorndas reflexionaréis sobre algunos  argumentos clave que corresponden de alguna manera a los lugares donde se juega nuestro ser  familia (el hogar, la escuela, las redes sociales, la relación entre generaciones, la precariedad de la vida y  el aislamiento familiar). Hay talleres sobre estos temas.
Me gustaría compartir con vosotros  algunos “supuestos” que nos pueden ayudar en esta reflexión. A menudo no somos  conscientes, pero el espíritu con el que reflexionamos  es tan importante como el contenido (un buen deportista sabe que el calentamiento cuenta  tanto como el rendimiento posterior). Por lo tanto, esta conversación nos quiere ayudar en este sentido: un “calentamiento” y después os tocará  a vosotros  “jugáos todo en el campo”. Expondré las cosas en pequeños capítulos

1. ¡En romanesco!
La primera de las claves para entrar en este tema la he llamado “en romanesco”: el dialecto de los romanos. No pocas veces caemos en la tentación de pensar, o reflexionar sobre las cosas “en general”, “en abstracto”. Pensar en los problemas,  en las situaciones, en los adolescentes … Y así, sin darnos  cuenta, caemos de lleno en el nominalismo. Nos gustaría abarcar todo, pero no llegamos a nada. Hoy, sobre este tema, os invito a pensar “en dialecto.” Y para ello hay que hacer un esfuerzo considerable, ya que se nos pide pensar en nuestras familias en el contexto de una gran ciudad como Roma. Con toda su riqueza, las oportunidades, la diversidad, y al mismo tiempo con todos sus desafíos. No para encerrarnos e ignorar el resto (somos siempre  italianos), sino para hacer frente a la reflexión, e incluso a los momentos de oración, con un realismo saludable y estimulante. Nada de abstracción, nada de generalidades, nada de nominalismo.
La vida de las familias y la educación  de los adolescentes en una gran metrópolis como ésta requiere en la base una  atención particular  y no podemos tomarla a la ligera. Porque no es lo mismo  la educación de la familia en una pequeña ciudad y en una metrópolis. No estoy diciendo que sea mejor o peor, simplemente es diferente. La complejidad de la capital no admite la síntesis reductiva,  más bien nos estimula a una forma de pensar poliédrica  en la  que cada barrio, y cada zona encuentran eco en la diócesis y así la diócesis puede hacerse visible , palpable en cada comunidad eclesial, con su propia forma de ser . La uniformidad es un gran enemigo.
Vosotros vivís las tensiones de esta gran ciudad. En muchas de las visitas pastorales que he hecho me han  presentado algunas de vuestras experiencias diarias, concretas: las distancias entre el hogar y el trabajo (en algunos casos se tarda hasta dos horas en llegar); la falta de lazos familiares, por el hecho de tener que desplazarse para encontrar trabajo o para  poder pagar el alquiler; vivir  siempre “contando los  céntimos” para llegar a final de mes, ya que el ritmo de vida es de por sí  más caro (en el pueblo, uno se  organiza mejor); el tiempo, tantas veces escaso, para conocer  a nuestros vecinos, tener que dejar a los niños solos en muchos casos  … Y así podríamos seguir haciendo una lista de  un gran número de situaciones que afectan a  las vidas de nuestras familias. Por lo tanto, la reflexión, la oración, hacedla “en dialecto romano”, en concreto, con todas estas cosas concretas,  con los rostros de familias muy concretas y pensando en cómo ayudaros entre vosotros para formar a vuestros hijos  en esta realidad. El Espíritu Santo es el gran iniciador y generador de  procesos en nuestras sociedades y situaciones. Es el gran guía de las dinámicas que transforman y salvan. Con él, no tengáis miedo de “andar” por vuestros  barrios, y pensar en cómo impulsar un acompañamiento para los padres y los  adolescentes. Es decir, en concreto.

2. Conectados
Junto con el anterior, me detengo en otro aspecto importante. La situación actual está haciendo que  poco a poco en la vida de todos nosotros, especialmente en nuestras familias,  crezca la experiencia de sentirse “desarraigados”. Se habla de  “sociedad líquida” – y es así – pero me gustaría hoy, en este contexto,  presentaos  el fenómeno creciente de la sociedad desarraigada. Es decir, personas, familias, que poco a poco van perdiendo sus lazos, ese tejido vital tan importante para sentirnos parte  unos de otros,  partícipes, con los demás,  de un proyecto común. Es la experiencia de saber que ‘pertenecemos’ a los demás (en el sentido más noble del término). Es importante ser conscientes de esta atmósfera de desarraigo, porque poco a poco se cuela en nuestra mirada  y en especial en la vida de nuestros hijos. Una cultura desarraigada,  una familia desarraigada es una familia sin historia, sin memoria; de hecho, sin raíces,. Y cuando no hay raíces,  cualquier viento termina arrastrándonos.  Por eso,  una de las primeras cosas que tenemos que pensar como padres, como familias, como pastores son los escenarios donde enraizarnos, donde  generar vínculos, encontrar raíces, para que crezca esa   red de vida que nos haga sentirnos “en casa”. Hoy en día las redes sociales parecen ofrecer este espacio de “red”, de conexión con otros; incluso a nuestros hijos  les hacen sentirse  parte de un grupo. Pero el problema que comportan, por su misma virtualidad, es que nos dejan como “por el aire” – he dicho sociedad líquida; podríamos decir “sociedad gaseosa”- y por lo tanto muy “volátiles”: “sociedad volátil”. No hay mayor alienación para una persona que la de sentir que no tiene raíces, que no pertenece a nadie. Este principio es muy importante para acompañar a los adolescentes.
Tantas veces exigimos a nuestros hijos una  formación excesiva en algunos campos que consideramos importantes para su futuro. Les hacemos estudiar  un montón de cosas para que rindan al “máximo”. Pero no damos mucha importancia al hecho de que conozcan su tierra, sus raíces. Los privamos del conocimiento de los genes y de los santos que nos han engendrado. Sé que tenéis  un taller dedicado al diálogo entre generaciones, al espacio de los abuelos. Sé que puede resultar repetitivo, pero lo siento como algo que el Espíritu Santo empuja  en mi corazón : Para que nuestros jóvenes tengan visiones, sean  “soñadores”, puedan enfrentar con audacia y valentía los tiempos futuros, deben escuchar  los sueños proféticos de su padres (cf. Gl 3,2). Si queremos que nuestros hijos estén formados y preparados para el mañana, no será solamente aprendiendo  idiomas (por ejemplo) cómo lo lograrán. Es necesario que se  conecten,  que conozcan sus raíces. Sólo entonces podrán volar alto, de lo contrario, serán presa de las  “visiones” de otros. Y reitero esto; a lo mejor estoy obsesionado, pero…Los padres tienen que dejar  espacio para que los niños hablen con sus abuelos. Muchas veces el abuelo o la abuela están en un hogar de ancianos y no van a verlos … Necesitan hablar. Saltarse incluso a los padres, pero buscar las raíces de los abuelos. Los abuelos tienen esta cualidad  de la transmisión de la historia, de la fe, de la  pertenencia. Y lo hacen con la sabiduría de quién está en el umbral, listo para despedirse. Vuelvo, como he dicho otras  veces, al pasaje de  Joel 3,2: “Vuestros ancianos soñarán y vuestros hijos profetizarán.” Y vosotros sois el puente. Hoy no dejamos soñar a los abuelos,  los descartamos. Esta cultura descarta  a los abuelos porque no producen: Esta es la  “la cultura del descarte” .Pero los abuelos sólo pueden soñar cuando se encuentran con la nueva vida, entonces sueñan, hablan … Pero pensad en Simeón, pensad en aquella  santa Ana, tan habladora, que iba de un lado a otro diciendo: “¡Es ese!”,”¡Es ese!”.Y esto es hermoso, esto es hermoso. Los abuelos son los que sueñan y dan a los niños una pertenencia  que necesitan. Me gustaría que en este taller intergeneracional hiciérais un examen de conciencia sobre esto. Encontrar la historia concreta en los abuelos. Y no dejarles de lado. No sé si esto lo he dicho ya pero me acuerdo de  una historia que de niño me enseñó una de mis dos abuelas. Había una vez una familia con un abuelo viudo;  vivía con la familia, pero había envejecido, y cuando comían se le caía la sopa o la baba y se ensuciaba. Y el padre decidió que comiera solo  en la cocina “así podemos invitar a nuestros amigos” …”.Así fue. Unos días más tarde, regresó del trabajo y encontró al niño que jugaba con un martillo,  los clavos,  la madera … “¿Qué haces?” – “Una mesa”- “Una mesa ¿por qué? “- “Una mesa para comer” – “¿Pero, por qué?” – “Para que cuando seas viejo, puedas comer solo, allí”. Este niño , con su intuición, había entendido donde estaban las raíces.
3. En movimiento
Educar a los adolescentes en movimiento. La adolescencia no es sólo es una fase de pasaje en la vida de vuestros hijos, sino de toda la familia;- toda la familia está en fase de pasaje-  lo sabéis muy bien y lo vivís; y como tal tenemos que enfrentarla, como un todo,. Es una etapa-puente,  y por eso  los adolescentes no están ni aquí, ni allá,   están en camino,  en tránsito. No son niños (y no quieren ser tratados como tales) y no son adultos (pero quieren ser tratados como tales, sobre todo a nivel de privilegios). Viven esta tensión, ante todo en sí mismos y luego con los que les rodean[1].Buscan siempre la confrontación,  preguntan, discuten de todo,  buscan  respuestas, y a veces no las escuchan y preguntan otra cosa antes de que los padres les respondan.  Pasan a través de diversos estados de ánimo y las familias con ellos. Pero, dejadme decíos que es un tiempo precioso en la vida de vuestros hijos. Un momento difícil, sí. Un tiempo de cambio e inestabilidad, sí. Una fase que  presenta grandes riesgos, indudablemente. Pero, sobre todo, es un tiempo de crecimiento para ellos y para toda la familia. La adolescencia no es una patología y no podemos tratarla como si lo fuera. Un hijo que vive su adolescencia (por muy  difícil que pueda ser para los padres) es un hijo con futuro y esperanza. Muchas veces me preocupa la tendencia actual a la “medicalización” precoz de nuestros chicos y chicas. Parece que todo se resuelva dando medicinas, o controlando todo con el slogan “aprovechar el tiempo al máximo”, y así la agenda de los chicos es peor que la de un alto ejecutivo.
Por lo tanto insisto: la adolescencia no es una enfermedad contra la que tenemos que luchar. Es parte del crecimiento normal, natural, de la vida  de nuestros hijos. Donde hay vida hay movimiento, donde hay movimiento hay cambios, búsqueda,  incertidumbre, hay esperanza, alegría y también angustia y desolación. Encuadremos bien  nuestras ideas en  procesos vitales previsibles. Hay márgenes que es necesario conocer  para no asustarse, para no ser tampoco negligentes, sino para saber cómo acompañar y cómo ayudar a crecer. No  todo es indiferente, pero no todo tiene la misma importancia. Por lo tanto, debemos discernir cuales  son las batallas que hay que combatir y cuales no.  En esto sirve mucho escuchar a parejas con experiencia, que aunque nunca nos den una receta, nos ayudarán con su testimonio  a saber éste o aquel margen o gama de comportamientos.
Nuestros chicos y nuestras chics tratan de ser y quieren sentirse – lógicamente – los protagonistas. No les gusta en absoluto que se les mande  o responder a las “órdenes” que vienen desde el mundo de los adultos (siguen las reglas del juego de sus “cómplices “). Buscan una autonomía cómplice que les haga sentir “que se mandan solos.”  Y aquí tenemos que prestar atención  a los tíos, sobre todo a los tíos que no tengan hijos o no estén casados…Yo aprendí las primeras palabrotas de un tío “solterón” (risas)…Los tíos para conquistar la simpatía de los sobrinos, a veces no se comportan bien.. Teníamos un tío que nos daba cigarrillos a escondidas… Cosas de aquellos tiempos.. Y ahora.. No digo que sean malos, pero hay que prestar atención. En esta búsqueda de autonomía que quieren tener los chicos y las chicas  encontramos una buena oportunidad, especialmente para las escuelas, parroquias y movimientos eclesiales. Fomentar las actividades que los pongan a prueba, que los hagan sentirse protagonistas.  Lo necesitan, ¡ayudémoslos!.Están buscando de muchas maneras el “vértigo” que los haga sentirse vivos. ¡Démoselo, entonces! Estimulemos todo lo que les ayude a convertir sus sueños en proyectos, y que puedan descubrir que todo el potencial que tienen es un puente, un pasaje a una vocación (en el sentido más amplio y bello de la palabra). Propongámosles  metas amplias, grandes desafíos y ayudémoslos  a vencerlos, a alcanzar sus metas. No los dejemos  solos. Por lo tanto, desafiémoslos, más de lo que nos desafían. No dejemos  que el “vértigo” se lo den  otros,  que no hacen más que ponen en peligro sus vidas: démoselo, nosotros. Pero el vértigo justo que satisfaga este deseo de moverse, de ir adelante. Vemos que en tantas parroquias tienen esa capacidad de “enganchar” a los adolescentes..”Estos tres días de vacaciones nos vamos a la montaña, hacemos esto…” o “Vamos a pintar esa escuela de un barrio pobre que lo necesita..” Hacerlos protagonistas de algo.
Para ello, hacen falta  educadores  capaces de comprometerse en el crecimiento de los chicos . Hacen falta educadores impulsados ​​por el amor y la pasión de que crezca en ellos la vida del Espíritu de Jesús, de enseñar que ser cristiano requiere coraje y es hermoso. Para educar a los adolescentes de hoy en día no podemos seguir utilizando un modelo de educación puramente escolástico, hecho solamente de ideas. No. Hay que seguir el ritmo de su crecimiento. Es importante  ayudarles a ganar confianza en sí mismos, a creer que realmente pueden conseguir lo que se proponen. En movimiento, siempre.
4. Una educación integrada
Este  proceso requiere el desarrollo, simultáneo e integrado, de los diferentes lenguajes  que nos constituyen como personas. Es decir, enseñar a nuestros hijos a integrar todo lo que son y lo que hacen. Podríamos llamarlo una alfabetización socio-integrada, es decir, una educación basada en el intelecto (la cabeza), los sentimientos (el corazón)  y la actuación (las manos). Esto  dará a nuestros hijos la oportunidad de conseguir un crecimiento armónico no sólo personal, sino al mismo tiempo, social. Es urgente  crear lugares donde la fragmentación social no sea el patrón dominante. Para ello hay que enseñar a pensar lo que se siente y se hace, a escuchar lo que se piensa y se hace, a hacer lo que se piensa y se siente. O sea, integrar los tres lenguajes. Un dinamismo de capacidad puesto al servicio de la persona y de la sociedad. Esto ayudará a asegurar que nuestros chicos y chicas  se sientan activos y protagonistas en sus procesos de crecimiento y también les llevará a sentirse llamados a participar en la construcción de la comunidad.
Quieren ser protagonistas:  démosles  espacio para que lo sean, orientándolos – por supuesto – y dándoles  las herramientas para desarrollar todo este crecimiento. Por eso, creo que la integración armoniosa de los diferentes saberes – de la mente, del corazón y de las manos- les ayudará a construir su personalidad. A menudo pensamos que la educación sea impartir conocimientos y, por el camino dejamos analfabetos emocionales y jóvenes con tantos proyectos incumplidos  porque no han encontrado a alguien que les enseñase a “hacer”. Hemos concentrado  la educación en el cerebro dejando de lado el corazón y las manos. Y esto es también una forma de fragmentación social.
En el Vaticano, cuando los guardias se despiden, los recibo, uno por uno. Anteayer recibí a seis. Uno por uno. “Qué haces, que harás…” Les doy las gracias por su servicio. Y uno me dijo: “Voy a ser carpintero. Me gustaría ser ebanista, pero seré carpintero. Porque mi padre me ha enseñado mucho de este oficio y también mi abuelo”. El deseo de “hacer”; este chico estaba bien educado con el lenguaje del hacer; y el corazón también era bueno porque pensaba en su padre y en su abuelo: un corazón afectuoso, bueno. Aprender a “cómo se hace”.. Eso me emocionó.
5. Sí a la adolescencia, no a la competencia
Como último elemento, es importante que reflexionemos sobre una dinámica ambiental que nos interpela a todos. Es interesante observar cómo los chicos  y las chicas  quieren ser “mayores” y los “mayores” quieren ser o se han vuelto adolescentes.
No podemos ignorar esta cultura, ya que es un aire que todos respiramos. Hoy en día existe una especie de competencia entre padres e hijos; diferente de la de otras épocas  en las que normalmente había una confrontación  entre los unos y los otros. Hoy hemos pasado de la confrontación a la competencia, que son dos cosas distintas. Son dos dinámicas diferentes del espíritu. Nuestros chicos encuentran hoy mucha competencia y pocas personas con las que confrontarse. El mundo de los adultos ha adoptado como paradigma y modelo de éxito la  ‘eterna juventud’. Parece que crecer, envejecer, “madurar”,  sea malo. Es sinónimo de vida  frustrada o agotada. Hoy parece que haya que esconder o disimular todo. Como si el hecho mismo de vivir no tuviera sentido. La apariencia, no envejecer, maquillarse… Me da pena cuando veo a los que se tiñen el pelo.
¡Qué triste que alguien quiera hacerse un “lifting” al corazón! Y hoy se usa más la palabra “lifting”que la palabra “corazón”!¡Que pena  que alguien quiera borrar las  “arrugas” de tantos encuentros ,de tantas penas y alegrías! Me viene a la mente cuando aconsejaron a  la gran Anna Magnani que se hiciera un lifting y respondió: “No, estas arrugas me han costado toda la vida: son preciosas”.
De alguna manera, esta es una de las amenazas “inconscientes” más peligrosas” en la educación de nuestros adolescentes: excluirlos de sus procesos de crecimiento porque los adultos ocupan su lugar. Y hoy hay tantos padres adolescentes, tantos. Adultos que no quieren ser adultos y quieren jugar a ser adolescentes para siempre. Esta “marginación” puede aumentar la tendencia natural de los jóvenes a aislarse o a frenar sus procesos de crecimiento por falta de confrontación. Hay competencia, pero no confrontación.
6. La “gula” espiritual
Non quisiera terminar sin este aspecto que puede ser un tema clave que cruza todos los talleres que haréis: es transversal. Es el  tema de la austeridad. Vivimos en un contexto de consumismo  muy fuerte… Y uniendo el consumismo con lo que he dicho antes; después de la comida, de las medicinas y la ropa, que son esenciales para la vida, donde más se gasta es en productos de belleza, en cosméticos. ¡Son estadísticas! Los cosméticos. Es muy feo decirlo. Y la cosmética, que era algo más propio de las mujeres, ahora es igual para ambos sexos, Después de los gastos de base, el primer lugar lo ocupa la cosmética; y luego las mascotas (los animales domésticos): alimentación, veterinario… ¡Son estadísticas! Pero este es otro tema, el de las mascotas, que no voy a tocar, ahora: más adelante pensaremos en ello. Volvamos al tema de la austeridad. Como he dicho, vivimos en un contexto de consumismo muy fuerte; parece que nos impulsen  a consumir consumo en el sentido de que es importante consumir más. Hace años se decía de las personas que tenían este problema que tenían una dependencia de la compra. Hoy ya no se dice: todos estamos con este ritmo de consumismo. Por lo tanto, es urgente recuperar ese principio espiritual tan importante y devaluado: la  austeridad. Hemos entrado en un abismo de consumo que nos lleva a creer que valemos tanto como somos capaces de producir y de consumir, tanto como somos capaces de tener. La educación a la austeridad es una riqueza incomparable. Despierta el ingenio y la creatividad, crea posibilidades para la imaginación, y en especial lleva al trabajo en equipo, en solidaridad.  Abre a los demás. Hay una especie de “gula espiritual”. Esa actitud de los golosos que, en lugar de comer, devoran todo a su alrededor (no parece que coman sino que engullan).
Creo que nos siente bien  educarnos mejor, como familia, en esta “gula ” y dar espacio a la austeridad como un camino para encontrarse, construir puentes, espacios abiertos, crecer con los demás y para los demás. Esto lo puede hacer sólo quien sabe ser austero; de lo contrario, es un simple “goloso”. En Amoris Laetitia os decía: ” La historia de una familia está surcada por crisis de todo tipo, que también son parte de su dramática belleza. Hay que ayudar a descubrir que una crisis superada no lleva a una relación con menor intensidad sino a mejorar, asentar y madurar el vino de la unión. No se convive para ser cada vez menos felices, sino para aprender a ser felices de un modo nuevo, a partir de las posibilidades que abre una nueva etapa. “(n. 232). Me parece importante vivir la educación de los hijos  desde esta perspectiva, como una llamada del Señor, como  familia, para hacer de este pasaje un pasaje de crecer, para  aprender a saborear más  la vida que Él nos da.
Esto es lo que me parecía que tenía que decíos sobre este tema.
(Palabras de agradecimiento del cardenal Vallini)
(Bendición)
Muchas gracias. ¡Buen trabajo! Os deseo lo mejor. Y ¡adelante!».

lunes, 19 de junio de 2017

‘Donde la vida conoce fracasos transmitan esperanza’

El Papa al congreso de Signis


En congreso mundial de Signis, Asociación católica internacional para la comunicación, que inició hoy en Canadá y concluye el jueves 22, llegó un mensaje del papa Francisco, enviado por el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin.
El Santo Padre deseó a los comunicadores que el Congreso pueda inspirar “una esperanza, accesible a todos, precisamente en el lugar donde la vida conoce la amargura del fracaso”, indicando así la necesidad de transmitir la esperanza, tomando en cuenta que muchas de las noticias son tales por su carácter negativo. E invitó a “Seguir buscando todos los medios tecnológicos y sociales para cooperar a la misión universal que la Iglesia tiene de proclamar en Evangelio y la paz”.
Centrada en el tema “Medios para una Cultura de la Paz: promover historias de esperanza”, el Congreso que se desarrolla en la ciudad de Quebec, se abrió con un panel de discusión en el que cuatro representantes de organizaciones católicas explicaron cómo contar historias de esperanza.
A continuación, fueron los representantes del mundo audiovisual a narrar como “encontrar a Dios en todas las cosas y filmarlo”.
Una sesión específica en la tarde de este lunes, 19 de junio, se dedicará a profundizar la reforma de la comunicación del Vaticano.
Se presentarán además las experiencias de colaboración en el campo de la comunicación para hacer frente a campañas de sensibilización.
Sin olvidar el envolvimiento religioso y espiritual de los jóvenes que comparten su fe en las redes sociales. En la agenda aún el análisis de la relación entre música y esperanza, y cómo no desesperarse en las situaciones de crisis.
El penúltimo día del Congreso verá la entrega del “Premio SIGNIS por la excelencia de producción cinematográfica”, al cineasta Martin Scorsese, y se proyectará la película “Silencio”, que cuenta la historia de tres sacerdotes jesuitas perseguidos a causa de su fe, en el siglo XVII, en Japón.
Entre los muchos talleres programados, algunos dedicados al diálogo interreligioso, al medio ambiente, a la búsqueda de la verdad en el contexto de las llamadas “fake news” (noticias falsas), y al retorno del religioso al cine.
SIGNIS es una organización no gubernamental que cuenta con miembros en 140 países del mundo. Como “asociación católica mundial para la comunicación”, agrupa a los profesionales de radio, televisión, cine, vídeo, educación para los medios, internet y nuevas tecnologías.
SIGNIS tiene estatus de miembro consultor ante la Unesco, Escosoc (Naciones Unidas en Ginebra y Nueva York), el Consejo de Europa. Signis está oficialmente reconocida por el Vaticano como organización católica para la comunicación.

“Nutrirnos de Jesús Eucaristía significa además abandonarnos con confianza en Él”

 El Papa ayer en el Ángelus


«Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En Italia y en muchos países se celebran este domingo la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo: con frecuencia se utiliza el nombre en latín, Corpus Domini o Corpus Christi. Cada domingo la comunidad eclesial se reúne alrededor de la Eucaristía, sacramento instituido por Jesús en la Última cena. Así cada año tenemos la alegría de celebrar la fiesta dedicada a este misterio central de la fe, para expresar en plenitud nuestra adoración a Cristo que se dona como alimento y bebida de salvación.
El pasaje del Evangelio de hoy, tomado de San Juan, es una parte del discurso sobre el “Pan de vida” (cf. 6,51-58). Jesús afirma: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. […] El pan que yo les daré es mi carne para la vida del mundo”(v. 51). Él quiere decir que el Padre lo envió al mundo como alimento de vida eterna y que para ello Él se sacrificará a sí mismo, su carne.
De hecho, Jesús, en la cruz, ha donado su cuerpo y ha derramado su sangre. El Hijo del hombre crucificado es el verdadero Cordero pascual, que hace salir de la esclavitud del pecado y sostiene en el camino hacia la tierra prometida. La Eucaristía es el sacramento de su carne dada para hacer vivir el mundo; quien se nutre de este alimento permanece en Jesús y vive por Él. Asimilar a Jesús significa estar en él, volviéndose hijos en el Hijo.
En la Eucaristía, Jesús, como lo hizo con los discípulos de Emaús, se pone a nuestro lado, peregrinos en la historia, para alimentar en nosotros la fe, la esperanza y la caridad; para confortarnos en las pruebas; para sostenernos en el compromiso por la justicia y la paz.
Esta presencia solidaria del Hijo de Dios está en todas partes: en las ciudades y en el campo, en el Norte y Sur del mundo, en países de tradición cristiana y en los de primera evangelización.
Y en la Eucaristía Él se ofrece a sí mismo como fuerza espiritual para ayudarnos a poner en práctica su mandamiento: amarnos los unos a otros como Él nos ha amado, mediante la construcción de comunidades acogedoras y abiertas a las necesidades de todos, especialmente de las personas más frágiles, pobres y necesitadas.
Nutrirnos de Jesús Eucaristía significa además abandonarnos con confianza en Él y dejarnos guiar por Él. Se trata de recibir a Jesús en el lugar del propio ‘yo’. De este modo el amor gratuito recibido de Jesús en la comunión eucarística, con la obra del Espíritu Santo, alimenta el amor por Dios y por los hermanos y hermanas que encontramos en el camino de cada día. Nutridos por el Cuerpo de Cristo, nos volvemos cada vez más y concretamente, Cuerpo Místico de Cristo.
Nos lo recuerda el Apóstol Pablo: «La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan».(1 Cor 10,16-17).
La Virgen María, que siempre ha estado unida a Jesús Pan de Vida, nos ayude a redescubrir la belleza de la Eucaristía, a nutrirnos de ella con fe, para vivir en comunión con Dios y con hermanos».
El Sucesor de Pedro reza el ángelus y después dirige las siguientes palabras:
«Queridos hermanos y hermanas:
Pasado mañana se celebra la Jornada Mundial del Refugiado promovida por Naciones Unidas. El tema de este año es “Con los refugiados. Hoy más que nunca debemos estar del lado de los refugiados”.
El foco concreto de esta Jornada se centrará en las mujeres, hombres y niños que huyen de conflictos, violencia y persecución. Recordamos también con la oración a todos aquellos que han perdido la vida en el mar o en los agotadores viajes por tierra.
Sus historias de dolor y esperanza pueden convertirse en oportunidades de encuentro fraterno y de auténtico conocimiento recíproco. De hecho, el encuentro personal con los refugiados disipa los temores y las ideologías distorsionadas, convirtiéndose en factor de crecimiento en humanidad, capaz de despejar espacio a los sentimientos de apertura y a la ‘construcción de puentes’.
Expreso mi cercanía al querido pueblo portugués por el devastador incendio que está arrasando los bosques, alrededor de Pedrógão Grande, causando numerosas víctimas y heridos. Recemos en silencio.
Saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos; en particular a los que proceden de las Islas Seychelles, de Sevilla en España, y de Umuarama y Toledo en Brasil. Asimismo saludo a los fieles de Nápoles, Arzano y Santa Catalina de Pedara.
Dirijo también un saludo especial a la destacada representación de la República Centroafricana y de las Naciones Unidas, que en estos días se encuentra en Roma con motivo de una reunión organizada por la Comunidad de San Egidio.
Llevo en mi corazón la visita que realicé a este país en noviembre de 2015 y deseo que, con la ayuda de Dios y de la buena voluntad de todos, sea plenamente relanzado y reforzado el proceso de paz, condición necesaria para el desarrollo.
Esta tarde, en el atrio de la Basílica de San Juan de Letrán, celebraré la Santa Misa, seguida de una procesión con el Santísimo Sacramento, hasta la Basílica de Santa María la Mayor. Animo a todos a participar, incluso espiritualmente, (pienso en particular en las comunidad de clausura, en los enfermos y en los presidiarios). Para esto ayuda también la radio y la televisión.
Y el próximo martes iré en peregrinación a Bozzolo y Barbiana, para rendir homenaje a Don Primo Mazzolari y Don Lorenzo Milani, dos sacerdotes que nos ofrecen un mensaje del cual hoy ¡tenemos tanta necesidad! Una vez más doy las gracias a todos aquellos, principalmente sacerdotes, que me acompañarán con sus oraciones.
Les deseo a todos un buen domingo. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí».
Y concluyó con la frase: «¡Buon pranzo e arrivederci!»