4/30/10


La música y la educación de los jóvenes


Discurso del Papa tras la audición del concierto por el quinto aniversario de su pontificado



Señor Presidente de la República, Señores cardenales, Honorables ministros y autoridades, Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, Distinguidos señores y señoras:
Una vez más el Presidente de la República Italiana, Honorable Giorgio Napolitano, con un gesto de exquisita cortesía, ha querido ofrecernos a todos nosotros la posibilidad de escuchar óptima música con ocasión del aniversario de mi Pontificado. Al saludarle con deferencia, Señor Presidente, en unión con su distinguida Señora, deseo expresar mi vivo agradecimiento por el homenaje verdaderamente grato de este concierto y por las cordiales palabras que usted me ha dirigido. En este acto de consideración veo también un signo ulterior del afecto que el pueblo italiano nutre hacia el Papa, afecto que fue tan ferviente en santa Catalina de Siena, Patrona de Italia, de la que hoy se celebra la fiesta. Estoy contento de saludar a las demás autoridades del Estado italiano, a los señores embajadores, a las diversas personalidades y a todos vosotros que habéis tomado parte en este momento de alto valor cultural y musical.
Deseo agradecer a cuantos han cooperado generosamente a la realización de este acontecimiento, en particular a los dirigentes de la Fondazione Scuola di Musica di Fiesole, del que es componente significativo la Orchestra Giovanile Italiana, hábilmente dirigida por el maestro Nicola Paszkowski. Seguro de interpretar los sentimiento los sentimientos de todos los presentes, dirijo un aprecio sincero a los miembros de la orquesta, que han ejecutado con habilidad y eficacia fragmentos interpretativos del compositor milanés Giovanni Battista Sammartini, de Wolfgang Amadeus Mozart y di Ludwig van Beethoven.
Hemos tenido la alegría de escuchar esta noche a jóvenes alumnos concertistas de la Escuela musical de Fiesole, fundada por Piero Farulli, que en el transcurso de los años se ha afirmado como excelente centro nacional de formación orquestal, ofreciendo a numerosos niños, adolescentes, jóvenes y adultos la posibilidad de realizar un cualificado itinerario formativo dirigido a la preparación de músicos para las mejores orquestas italianas y europeas. El estudio de la música reviste un alto valor en el proceso educativo de la persona, en cuanto que produce efectos positivos en el desarrollo del individuo, favoreciendo su crecimiento humano y espiritual armónico. Sabemos que es comunmente reconocido el valor formativo de la música en sus implicaciones de naturaleza expresiva, creativa, relacional, social y cultural.
Por tanto, la experiencia de más de treinta años de la Escuela de Música de Fiesole asume una particular relevancia también frente a la realidad cotidiana que nos dice que no es fácil educar. En el contexto social actual, de hecho, toda obra de educación parece ser cada vez más ardua y problemática: a menudo entre los padres y los profesores se habla de las dificultades que se encuentran en la transmisión de los valores básicos de la existencia y de un recto comportamiento a las nuevas generaciones. Esta situación problemática afecta tanto a la escuela como a la familia, como también a las diversas agencias que operan en el campo formativo.
Las condiciones actuales de la sociedad requieren un extraordinario compromiso educativo a favor de las nuevas generaciones. Los jóvenes, aunque vivan en contextos diversos, tienen en común la sensibilidad ante los grandes ideales de la vida, pero encuentran muchas dificultades en vivirlos. No podemos ignorar sus necesidades y sus esperanzas, ni tampoco los obstáculos y las amenazas que encuentran. Éstos sienten la exigencia de acercarse a los valores auténticos como la centralidad de la persona, la dignidad humana, la paz y la justicia, la tolerancia y la solidaridad. Buscan también, de modos a veces confusos y contradictorios, la espiritualidad y la trascendencia, para encontrar equilibrio y armonía. A respecto de esto, quiero observar que precisamente la música es capaz de abrir las mentes y los corazones a la dimensión del espíritu y conducir a las personas a alzar la mirada hacia lo Alto, a abrirse al Bien y a la Belleza absolutas, que tienen la fuente última en Dios. La alegría del canto y de la música son también una constante invitación a los creyentes y a todos los hombres de buena voluntad a comprometrse para dar a la humanidad un porvenir rico de esperanza. Además, la experiencia de tocar en una orquesta añade también la dimensión colectiva: los continuos ensayos llevados a cabo con paciencia; el ejrcicio de la escucha de los demás músicos; el compromiso de no todar "en solitario", sino de hacerlo de forma que los diversos "colores orquestales" – aún manteniendo sus propias características – se fundan; la búsqueda común de la mejor expresión, todo esto constituye un "gimnasio" formidable, no sólo en el plano artístico y profesional, sino en el perfil humano global.
Queridos amigos, auguro que la grandeza y la belleza de las piezas musicales magistralmente ejecutadas esta noche puedan puedan dar a todos nueva y continua inspiración para tender a metas cada vez más altas en la vida personal y social. Renuevo al Señor Presidente de la República Italiana, a los organizadores y a todos los presentes la expresión de mi sincera gratitud por este apreciado homenaje. Recordadme en vuestras oraciones, para que al comenzar el sexto año de mi Pontificado, pueda cumplir siempre mi Ministerio como el Señor quiere. Que Él, que es nuestra fuerza y nuestra paz, os bendiga a todos vosotros y a vuestras familias.
Carta a los católicos

Pablo Cabellos Llorente


En la Iglesia de Cristo suceden cosas extraordinarias aunque sean de ordinaria administración. Pienso que ahí hemos de fijar la atención cuando queramos resolver cualquier problema existente. He leído con atención la carta dirigida a todos los obispos por el teólogo Hans Küng.
Es obvio que mi nivel no es el suyo, ni mi curriculum tampoco. Pero aquí no respondo a esa carta. Me dirijo a los católicos al filo de ese escrito, porque justamente echo en falta en él lo más maravilloso de la Iglesia, el punto de apoyo para cualquier reforma posible.
Es muy elemental lo que escribo: se trata de creer en el Depósito Revelado. Y creer con alegría; no como soportando un pesado fardo. Porque la fe es para vivir y morir con alegría.
En el Credo afirmamos nuestra fe en la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica. Aunque sus miembros pequemos, el Cuerpo de Cristo —la Iglesia— es santo, tiene una finalidad santa: la salvación de las gentes; se organiza esencialmente con medios santos: la oración y la vida sacramental; su Cabeza es el Dios hecho hombre; y como decían los clásicos, las cosas santas han de ser tratadas santamente.
Sé que muchas veces no lo hacemos así, pero eso no varía nada la esencia de la Iglesia. Quizá más bien la refuerza, al permanecer incólume en medio de tantos avatares en su historia bimilenaria.
Oí reiteradamente a una persona santa: yo no creo por los curas, ni por las monjas, ni por los frailes..., sino por Cristo Nuestro Señor. La fe no reside en técnicas ni tácticas, ni en celibato o no, ni en la misa en latín de espaldas o de cara, ni en que las iglesias estén llenas o vacías.
El propio Concilio Vaticano II recordaba: por la fe el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece el homenaje total de su entendimiento y voluntad, asintiendo libremente a lo que Dios revela. Esa fe es don de Dios pero, precisamente porque lo revelado por Él nos excede, la fe siempre es libre, nunca puede imponerse al entendimiento como puede hacerlo la solución de un problema matemático o lo observado empíricamente sin error.
En la misma Constitución conciliar —Dei Filius— se habla de la transmisión de los contenidos de la fe a través del Magisterio de la Iglesia, lo que choca frontalmente con esta afirmación de Küng: todo lo que hace el Papa —resumo su idea— no es capaz de modificar la postura de la mayoría de los católicos en cuestiones controvertidas, especialmente en materia de moral sexual.
Pero es que creemos por Revelación de Dios —custodiada por la jerarquía— cuya cumbre es Cristo, y no por lo que exprese la mayoría, suponiendo que sea cierta la afirmación del teólogo. La Iglesia es así por voluntad de su Fundador y otra pretensión se estrellará contra la roca de Pedro.
Pienso que vivir la sobrenaturalidad de la Iglesia es su verdadera recuperación, su real progreso. Lo otro hasta puede sonar bien a algunos oídos anclados en los setenta, pero sería una ONG; algo bueno, pero lejísimos de la esencia católica. Vale aquí lo que Dios decía al pueblo escogido: tu miseria es tuya, Israel; tu fuerza soy yo.

4/29/10

Aborto: la verdadera “cuestión moral de nuestro tiempo”


Gonzalo Miranda


A algunos podrá parecer fuera de lugar dedicar un número entero (es más, dos) de una revista de bioética (Studia Bioethica) al tema del aborto. Se pretende que la cuestión está ya superada desde el punto de vista ético y bioético. Incluso hay quien presiona para que el aborto se considere como un de los derechos humanos...
Nosotros pensamos en cambio que vale la pena hablar de ello. Y que hoy, más que hace algunos años, se puede afrontar el debate de forma razonada y seria. No hace mucho tiempo propuse a los autores de una importante retransmisión televisiva nacional, en la que yo acababa de participar, de invitar a dos mujeres americanas, madre e hija, que se encontraban en Italia. Se trataba de un bellísimo testimonio de acogida de la vida y de perdón, tras una interrupción del embarazo fracasada. Acogieron en seguida la propuesta, con una condición: no se debía mencionar la palabra “aborto” – “Ya sabe, estamos en televisión”.
Quizás hoy la cuestión ya no sea un tabú. Se puede hablar de ella; se habla. Pero se hace de modo esporádico, a menudo solamente en la onda de algún episodio llamativo o de la formación de alguna lista de cara a las elecciones políticas.
Se trata en cambio de una cuestión que merece ser siempre examinada, profundizada, entendida, discutida. El hecho de que una madre ponga fin, con la intervención del médico y con el aval de la lay, a la vida del hijo que lleva en su propio seno no podrá nunca convertirse en una cuestión banal, ni siquiera “normal”. Al contrario, si no se quiere huir de este drama y si tenemos presente su imponente dimensión social en nuestros días, deberíamos reconocer que se trata de una verdadera “cuestión moral”.
No reduzcamos este concepto al debate político sobre la corrupción dentro de cualquier partido. Hay problemas que demuestran ser mucho más que “cuestiones” y mucho más profunda y dramáticamente “morales”. Nelson Mandela decía que la situación de conflicto en los territorios de Gaza se había convertido en “la cuestión moral de nuestro tiempo”. Si se tuviera que hacer una clasificación, pensaría que la verdadera cuestión moral de nuestro tiempo, en Italia y en muchos otros países, es más bien la del aborto. Millones de mujeres en el mundo deciden poner fin a la vida que crece en su vientre; millones de pequeños seres humanos son eliminados antes de poder ver la luz del sol; millones de mujeres y de familias sufren por esta profunda laceración. Una cuestión en la que, además, está en juego nuestra propia concepción del ser humano y de su dignidad universal. En el fondo, se trata de una cuestión moral similar a algunas de las más densas y profundas que ha afrontado la humanidad a través de los siglos. Ante algunas cuestiones similares no basta hacer como si no pasara nada, mirando hacia otro lado.
A propósito de esto, puede ser muy instructivo recordar la cuestión moral de la esclavitud tal como se presentó en el debate social en los Estados Unidos hace ya dos siglos.
En 1857, la Corte Suprema americana dictó una sentencia (en el caso Dred Scott vs Sanford) que negaba a los negros los derechos reconocidos por la Constitución a los ciudadanos americanos. El texto de la sentencia explica que quienes escribieron la Constitución “no consideraban a los negros traídos como esclavos desde África y a sus descendientes como ciudadanos, dado que en aquella época eran considerados una clase de seres subordinada e inferior, que había sido subyugada por la raza dominante, y, emancipados o no, permanecían sujetos a su autoridad, y no tenían derechos y privilegios sino los que aquellos que tenían poder y el Gobierno quisieran ofrecerles” (1).
Podría parecer que la cuestión estaba definitivamente cerrada, nada menos que por una sentencia de la Corte Suprema en un país democrático en el que las sentencias dictan ley. Aquella sentencia, sin embargo, no resolvió el debate social sobre la esclavitud. El año siguiente, de hecho, tuvieron lugar los famosos siete debates públicos en el Estado de Illinois, de cara a las elecciones para el Congreso americano, entre Stephen Douglas y Abraham Lincoln. El tema central fue precisamente la esclavitud (2). No la posibilidad o no de abolirla totalmente. La cuestión debatida era más simplemente si se debía permitir la extensión legal de la esclavitud en los Estados del Norte, en los que aún no se había legalizado. Douglas acusó repetidamente a Lincoln de ser “abolicionista”, grave insulto en la época, que indicaba a una persona que pretendía abolir totalmente la esclavitud. Y la prueba era que se había permitido afirmar públicamente que la Declaración de Independencia americana se aplicaba tanto a los negros como a los blancos (afirmación que contrastaba evidentemente con la sentencia de la Corte Suprema apenas citada). Lincoln acusaba a Douglas de querer “nacionalizar la esclavitud”, extendiéndola a los Estados del Norte.
La argumentación de Douglas es de lo más significativa, también para nuestros tiempos: son los ciudadanos los que deben decidir democráticamente si quieren o no legalizar la esclavitud en su propio Estado. Era la llamada doctrina de la Popular Sovereignty (soberanía popular). En el fondo, la esclavitud era legal en muchos Estados (era un hecho consumado); y si los ciudadanos de otros Estados la querían, no se veía cómo alguien pudiera oponerse a esta voluntad democráticamente expresada. Todos los Estados, por tanto, debían tener el poder de excluir del orden de los derechos a las “razas inferiores”.
Lincoln no argumentó a favor de la completa igualdad social, pero afirmó que Douglas ignoraba la humanidad básica de los negros y el hecho de que los esclavos tuviesen el mismo derecho a la libertad. Dijo: “Concuerdo con el juez Douglas sobre el hecho de que él (el negro) no es igual a mí en muchos aspectos – ciertamente no en el color, y quizás tampoco en la capacidad moral o intelectual. Pero, en el derecho a comer, sin el permiso de nadie, el pan que gana con sus propias manos, es igual que yo e igual al juez Douglas, e igual a todo hombre viviente”.
Y después cargó con fuertes expresiones, diciendo que no podía no odiar el celo por difundir la esclavitud: “Lo odio a causa de la monstruosa injusticia de la misma esclavitud”. Se preguntaba también: “Si se hacen excepciones a la Declaración de Independencia, que declara el principio de que todos los hombres son iguales, ¿dónde se acabará? Si un hombre dice que no se aplica al negro, ¿por qué no podrá decir otro que no se aplica a otro hombre?”.
Hizo también una afirmación importante sobre el futuro del debate: la crisis y el conflicto serán superados solamente cuando la esclavitud sea puesta “en el camino de la extinción definitiva”. Dijo también que la esclavitud debía ser considerada un mal y que se debía impedir su expansión: “Éste es el verdadero problema. Este es el problema que persistirá en nuestro país, cuando las lenguas del juez Douglas y la mía estén en silencio. Es la eterna lucha entre estos dos principios – bien y mal – en el mundo entero”.
Las elecciones para la Asamblea General del Estado fueron vencidas ese año por el partido de Stephen Douglas. Evidentemente muchos pensaban como él. Pero después, en la carrera por la Presidencia de la Nación, Douglas fue derrotado por Lincoln. La grave cuestión moral de la esclavitud no se calmó; al contrario, como sabemos, fue uno de los factores del estallido de la terrible Guerra Civil americana. Solo después de esa guerra, vencida por los “nordistas” contrarios a la extensión de la esclavitud, y por la insistencia del Presidente Lincoln, se llegó a la abolición, con la XIII enmienda de la Constitución, en 1865. Solo en ese momento el áspero debate social se encaminó al final, cuando, como había dicho Lincoln, la esclavitud misma fue puesta “en el camino de la extinción definitiva”.
Reflexionemos, por tanto. Analicemos, examinemos, meditemos. Discutamos, No hay sentencia judicial, ni pequeña ni “suprema”, no hay ley ni resolución internacional que pueda borrar la cuestión moral de nuestro tiempo. La conciencia humana se puede oscurecer, pero no muere nunca.
Studia Bioethica ha dedicado dos números a esta reflexión (http://www.uprait.org/sb/index.php/bioethica/issue/view/4). El tema y el número de los textos recibidos nos han convencido de recoger el material en un solo cuaderno.
Tras un recorrido histórico en el que se desenmascaran algunos lugares comunes falsos sobre la práctica y el pensamiento en materia de aborto, se presenta un estudio de la situación actual de esta práctica desde el punto de vista demográfico. Se adentra después en el análisis de la ley italiana. Ante todo proponemos una consideración sobre el origen histórico de los contenidos y sobre los efectos de la ley 194 de 1978 sobre la sociedad italiana. Se estudia después el problema relativo a la aplicación efectiva de esa ley, en sus múltiples aspectos. Finalmente, se ofrece una perspectiva real y posible para mejorar de la ley en vigor.
Se propone después un análisis crítico de la suposición bastante común que establece una relación inversamente proporcional entre la práctica de la contracepción y aborto. Dos psicólogos ofrecen un estudio sobre las consecuencias del aborto voluntario sobre la otra víctima de esta práctica: la mujer.
Se amplía ulteriormente el horizonte, evidenciando las recientes estrategias pro-aborto en el debate parlamentario en Inglaterra y proporcionando una panorámica de la presencia actual de nuestra temática en una de las vitrinas principales de la cultura actual: el cine.
Finalmente, tres contribuciones más breves: un estudio sobre el aborto en el pensamiento feminista y femenino; una investigación sobre algunos términos muy utilizados en el contexto cultural actual que se prestan a usos ambiguos y manipulatorios; una rápida ojeada al loable y eficaz servicio que prestan en toda Italia los “Centros de Ayuda a la Vida”.
Otras temáticas, algunas relacionadas de alguna, se afrontan en la “Sección abierta” de la revista. Junto a la revista monográfica y a las recientes publicaciones en materia de bioética, ofrecen un instrumento interesante para la profundización y la reflexión personal.
Reflexión que no debemos nunca dar por agotada, sobre todo en un problema como el del aborto, verdadera cuestión moral de nuestro tiempo.

4/28/10

El sacerdocio y la atención a los más pobres


Benedicto XVI en la Audiencia General



Queridos hermanos y hermanas:
Nos estamos acercando a la conclusión del Año Sacerdotal y, en este último miércoles de abril, quisiera hablar de dos santos sacerdotes ejemplares en su donación a Dios y en el testimonio de caridad, vivida en la Iglesia y para la Iglesia, hacia los hermanos más necesitados: san Leonardo Murialdo y san Giuseppe Benedetto Cottolengo. Del primero recordamos los 110 años de su muerte y los 40 de su canonización; del segundo han comenzado las celebraciones del 2° centenario de su Ordenación sacerdotal.
Murialdo nació en Turín el 26 de octubre de 1828: es la Turín de san Juan Bosco, del mismo san Giuseppe Cottolengo, tierra fecundada por muchos ejemplos de santidad de fieles laicos y sacerdotes. Leonardo es el octavo hijo de una familia sencilla. De niño, junto con su hermano, entró en el colegio de los Padres Escolapios de Savona para el curso elemental, la escuela media y la escuela superior; allí encontró educadores preparados, en un clima de religiosidad fundado en una seria catequesis, con prácticas de piedad regulares. Durante la adolescencia vivió, sin embargo, una profunda crisis existencial y espiritual que le llevó a anticipar la vuelta a la familia y a concluir sus estudios en Turín, inscribiéndose en el bienio de filosofía. La “vuelta a la luz” sucedió – como él relata – tras algunos meses, con la gracia de una confesión general, en la que redescubrió la inmensa misericordia de Dios; maduró, entonces, a los 17 años, la decisión de hacerse sacerdote, como respuesta de amor a Dios que le había aferrado con su amor. Fue ordenado el 20 de septiembre d 1851. Precisamente en aquel periodo, como catequista del Oratorio del Ángel Custodio, fue conocido y apreciado por Don Bosco, el cual le convenció de aceptar la dirección del nuevo Oratorio de San Luis en Porta Nuova, que realizó hasta 1865. Allí entró en contacto también con los graves problemas de los barrios más jóvenes, visitó sus casas, madurando una profunda sensibilidad social, educativa y apostólica que le llevó a dedicarse de forma autónoma a múltiples iniciativas a favor de la juventud. Catequesis, escuela, actividades recreativas fueron los fundamentos de su método educativo en el Oratorio. Don Bosco le quiso consigo con ocasión de la Audiencia que le concedió el beato Pío IX en 1858.
En 1873 fundó la Congregación de San José, cuyo fin apostólico fue, desde el principio, la formación de la juventud, especialmente la más pobre y abandonada. El ambiente turinés de esa época fue marcado por el intenso florecimiento de obras y actividades caritativas promovidas por Murialdo hasta su muerte, que tuvo lugar el 30 de marzo de 1900.
Quiero subrayar que el núcleo central de la espiritualidad de Murialdo es la convicción del amor misericordioso de Dios: un Padre siempre bueno, paciente y generoso, que revela la grandeza y la inmensidad de su misericordia con el perdón. Esta realidad san Leonardo la experimentó no a nivel intelectual, sino existencial, mediante el encuentro vivo con el Señor. Él se consideró siempre un hombre agraciado por Dios misericordioso: por esto vivió el sentido gozoso de la gratuidad al Señor, la serena conciencia de sus propios límites, el deseo ardiente de penitencia, el compromiso constante y generoso de conversión. Veía toda su existencia no sólo iluminada, guiada, sostenida por este amor, sino continuamente inmersa en la infinita misericordia de Dios. Escribió en su Testamento espiritual: "Tu misericordia me rodea, oh Señor… Como Dios está siempre y en todas partes, así es siempre y en todas partes amor, es siempre y en todas partes misericordia". Recordando el momento de crisis que tuvo en su juventud, anotaba: "He aquí que el buen Dios quería hacer resplandecer una vez más su bondad y generosidad de forma totalmente singular. No sólo me admitió de nuevo a su amistad, sino que me llamó a una elección de predilección: me llamó al sacerdocio, y esto sólo pocos meses después de mi vuelta a Él". San Leonardo vivió por eso la vocación sacerdotal como don gratuito de la misericordia de Dios con sentido de reconocimiento, alegría y amor. Escribió también: "¡Dios me ha elegido! Me ha llamado, me ha incluso obligado al honor, a la gloria, a la felicidad inefable de ser su ministro, de ser 'otro Cristo'... ¿Y dónde estaba yo cuando me buscabas, Dios mío? ¡En el fondo del abismo! Yo estaba allí, y allí vino Dios a buscarme; allí me hizo comprender su voz...”
Subrayando la grandeza de la misión del sacerdote que debe “continuar la obra de la redención, la gran obra de Jesucristo, la obra del Salvador del mundo”, es decir, la de “salvar a las almas”, san Leonardo recordaba siempre, a sí mismo y a los hermanos, la responsabilidad de una vida coherente con el sacramento recibido. Amor de Dios y amor a Dios: fue esta la fuerza de su camino de santidad, la ley de su sacerdocio, el significado más profundo de su apostolado entre los jóvenes pobres y la fuente de su oración. San Leonardo Murialdo se abandonó con confianza a la Providencia, realizando generosamente la voluntad divina, en el contacto con Dios y dedicándose a los jóvenes pobres. De este modo él unió el silencio contemplativo con el ardor incansable de la acción, la fidelidad a los deberes de cada día con la genialidad de las iniciativas, la fuerza en las dificultades con la serenidad del espíritu. Éste es su camino de santidad para vivir el mandamiento del amor, hacia Dios y hacia el prójimo.
Con el mismo espíritu de caridad vivió, cuarenta años antes de Murialdo, san Giuseppe Benedetto Cottolengo, fundador de la obra llamada por él mismo “Pequeña Casa de la Divina Providencia" y llamada hoy también "Cottolengo". El próximo domingo, en mi Visita pastoral a Turín, veneraré las reliquias de este Santo y de encontrar a los huéspedes de la “Pequeña Casa".
Giuseppe Benedetto Cottolengo nació en Bra, pequeña ciudad de la provincia de Cuneo, el 3 de mayo de 1786. Primogénito de 12 hijos, de los que 6 murieron a tierna edad, mostró desde pequeño gran sensibilidad hacia los pobres. Abrazó el camino del sacerdocio, imitado también por dos de sus hermanos. Los año de su juventud fueron los de la aventura napoleónica y de los consiguientes malestares en el campo religioso y social. Cottolengo se convirtió en un buen sacerdote, buscado por muchos penitentes y, en la Turín de esa época, predicador de ejercicios espirituales y conferencias entre los estudiantes universitarios, donde cosechaba siempre un éxito notable. A la edad de 32 años fue nombrado canónico de la Santísima Trinidad, una congregación de sacerdotes que tenía la tarea de oficiar en la Iglesia del Corpus Domini y de dar decoro a las ceremonias religiosas de la ciudad, pero en aquel puesto se sentía inquieto. Dios le estaba preparando para una misión particular y, precisamente con un encuentro inesperado y decisivo, le dio a entender cuál habría sido su futuro destino en el ejercicio de su ministerio.
El Señor pone siempre signos en nuestro camino para guiarnos según su voluntad al verdadero bien. Para el Cottolengo esto sucedió, de forma dramática, la mañana del domingo del 2 de septiembre de 1827. Llegó a Turín, procedente de Milán, la diligencia, llena como nunca de gente, en la que se apretaba una entera familia francesa en la que la mujer, con cinco niños, estaba al final del embarazo y con la fiebre alta. Tras haber vagado por varios hospitales, esa familia encontró alojamiento en un dormitorio público, pero la situación de la mujer siguió agravándose y algunos se pusieron a buscar un cura. Por un misterioso designio se cruzaron con Cottolengo, y fue precisamente él, con el corazón abrumado y oprimido, quien acompañó la muerte de esta joven madre, entre el desgarro de toda la familia. Tras haber concluido este doloroso deber, con el sufrimiento en el corazón, se reclinó ante el Santísimo Sacramento y rezó: “Dios mío, ¿por qué? ¿Por qué me has querido testigo? ¿Qué quieres de mí? ¡Hay que hacer algo!”. Levantándose, hizo resonar todas las campanas, encender las velas y, acogiendo a los curiosos en la Iglesia, dijo: "¡La gracia se ha hecho! ¡La gracia se ha hecho!" Desde aquel momento Cottolengo se transformó: todas sus capacidades, especialmente su habilidad económica y organizativa, se utilizaron para dar vida a iniciativas en apoyo de los más necesitados.
Supo implicar en su empresa a decenas y decenas de colaboradores y voluntarios. Trasladándose hacia la periferia de Turín para expandir su obra, creó una especie de pueblo, en el que a cada edificio que consiguió construir le asignó un nombre significativo: "casa de la fe", "casa de la esperanza", "casa de la caridad". Puso en marcha el estilo de las “familias”, constituyendo verdaderas y propias comunidades de personas, voluntarios y voluntarias, hombres y mujeres, religiosos y laicos, unidos para afrontar y superar juntos las dificultades que se presentaban. Cada uno en esa Pequeña Casa de la Divina Providencia tenía una tarea precisa: quien trabajaba, quien rezaba, quien servía, quien enseñaba, quien administraba. Sanos y enfermos compartían todos el mismo peso del día a día. También la vida religiosa se especificó en el tiempo, según las necesidades y las exigencias particulares. Pensó incluso en un seminario propio, para una formación específica de los sacerdotes de la Obra. Estuvo siempre dispuesto a seguir a la Divina Providencia, nunca a cuestionarla. Decía: “Yo no soy bueno en nada y no sé siquiera que estoy haciendo. La Divina Providencia sin embargo sabe ciertamente lo que quiere. A mí sólo me toda secundarla. Adelante in Domino". Para sus pobres y los más necesitados, se definirá siempre el “obrero de la Divina Providencia".
Junto a las pequeñas ciudadelas quiso fundar también cinco monasterios de monjas contemplativas y uno de ermitaños, y los consideró entre las realizaciones más importantes: una especie de “corazón” que debía latir para toda la Obra. Murió el 30 de abril de 1842, pronunciando estas palabras: "Misericordia, Domine; Misericordia, Domine. Buena y Santa Providencia… Virgen Santa, ahora os toca a Vos". Su vida, como escribió un periódico de su tiempo, fue “una intensa jornada de amor”.
Queridos amigos, estos dos santos sacerdotes, de los cuales he presentado algún rasgo, vivieron su ministerio en el don total de la vida a los más pobres, a los más necesitados, a los últimos, encontrando siempre la raíz profunda, la fuente inextinguible de su acción en la relación con Dios, bebiendo de su amor, en la convicción profunda de que no es posible ejercer la caridad sin vivir en Cristo y en la Iglesia. Que su intercesión y su ejemplo sigan iluminando el ministerio de tantos sacerdotes que se consumen con generosidad por Dios y por el rebaño a ellos confiado, y que ayuden a cada uno a entregarse con alegría y generosidad a Dios y al prójimo.
Rostros y lenguajes en la era crossmediática

Audiencia del Papa a los miembros del congreso “Testigos digitales”



Eminencia, Venerados hermanos en el episcopado, queridos amigos:
Estoy contento de esta ocasión para encontraros y concluir vuestro congreso, que lleva un título cuando menos evocador: Testigos digitales. Rostros y lenguajes en la era crossmediática. Agradezco al Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, el cardenal Angelo Bagnasco, por las cordiales palabras de bienvenida con las que, una vez más, ha querido expresar el afecto y la cercanía de la Iglesia que está en Italia a mi servicio apostólico. En sus palabras, señor cardenal, se refleja la fiel adhesión a Pedro de todos los católicos de esta amada Nación y la estima de tantos hombres y mujeres animados por el deseo de buscar la verdad.
El tiempo que vivimos conoce un enorme ensanchamiento de las fronteras de la comunicación, realiza una convergencia inédita entre los diversos medios de comunicación y hace posible la interactividad. La red manifiesta, por tanto, una vocación abierta, tendencialmente igualitaria y pluralista, pero al mismo tiempo abre una nueva brecha: se habla, de hecho, de digital divide. Este separa a los que están dentro de los que están fuera, y se añade a las demás brechas que ya alejan a las naciones entre sí y en su interior. Aumentan también los peligros de homologación y de control, de relativismo intelectual y moral, ya bien reconocibles en la flexión del espíritu crítico, en la verdad reducida al juego de las opiniones, en las múltiples formas de degradación y de humillación de la intimidad de la persona. Se asiste entonces a una “contaminación del espíritu, que hace nuestros rostros menos sonrientes, más oscuros, que nos lleva a no saludarnos entre nosotros, a no mirarnos a la cara…" (Discurso en la Plaza de España, 8 de diciembre de 2009). Este Congreso, en cambio, apunta precisamente a reconocer los rostros, y por tanto a superar esas dinámicas colectivas que pueden hacernos perder la percepción de la profundidad de las personas y aplanarnos sobre su superficie: cuando esto sucede, éstas se vuelven cuerpos sin alma, objetos de intercambio y de consumo.
¿Cómo es posible, hoy, volver a los rostros? He intentado indicar el camino también en mi tercera Encíclica. Éste pasa por esa caritas in veritate, que resplandece en el rostro de Cristo. El amor en la verdad constituye “un gran desafío para la Iglesia en un mundo en progresiva y penetrante globalización" (n. 9). Los medios de comunicación se pueden convertir en factores de humanización “no sólo cuando, gracias al desarrollo tecnológico, ofrecen mayores posibilidades de comunicación y de información, sino sobre todo cuando están organizados y orientados a la luz de una imagen de la persona y del bien común que respete sus valores universales” (n. 73). Esto requiere que “éstos se centren en la promoción de la dignidad de las personas y de los pueblos, estén expresamente animados por la caridad y estén puestos al servicio de la verdad, del bien y de la fraternidad natural y sobrenatural" (ibid.). Solamente en estas condiciones el cambio de época que estamos atravesando puede revelarse rico y fecundo en nuevas oportunidades. Sin temores queremos adentrarnos en el mar digital, afrontando la navegación abierta con la misma pasión que desde hace dos mil año gobierna la barca de la Iglesia. Más que por los recursos técnicos, aún necesarios, queremos cualificarnos habitando este universo con un corazón creyente, que contribuya a dar un alma al ininterrumpido flujo comunicativo de la red.
Esta es nuestra misión, la misión irrenunciable de la Iglesia: la tarea de cada creyente que trabaja en los medios de comunicación es el de “allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y a sus verdaderas necesidades espirituales; ofreciendo a los hombres que viven en este tiempo 'digital' los signos necesarios para reconocer al Señor" (Mensaje para la 44a Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 16 de mayo de 2010). Queridos amigos, también en la red sois llamados a colocaros como “animadores de comunidades”, atentos a “preparar caminos que conduzcan a la Palabra de Dios”, y a expresar una particular sensibilidad por cuantos “han perdido la confianza y tienen en el corazón deseos de absoluto y de verdades no caducas” (ibid.). La red podrá convertirse así en una especie de “pórtico de los gentiles”, donde “hacer espacio también a aquellos para los cuales Dios es aún un desconocido" (ibid.).
Como animadores de la cultura y de la comunicación, vosotros sois signo vivo de cuanto "los modernos medios de comunicación han entrado desde hace tiempo a formar parte de los instrumentos ordinarios, a través de los cuáles las comunidades eclesiales se expresan, entrando en contacto con su propio territorio e instaurando, muy a menudo, formas de diálogo de alcance más amplio” (ibid.). Las voces, en este campo, no faltan en Italia: baste recordar aquí al diario Avvenire, a la emisora televisiva TV2000, al circuito radiofónico inBlu y a la agencia de prensa SIR, junto a los periódicos católicos, a la red capilar de los semanarios diocesanos y a los ya numerosos sitios de internet de inspiración católica. Exhorto a todos los profesionales de la comunicación a no cansarse de nutrir en su propio corazón esa sana “pasión por el hombre” que se convierte en tensión a acercarse cada vez más a sus lenguajes y a su verdadero rostro. Os ayudará en esto una sólida preparación teológica y sobre todo una profunda y alegre “pasión por Dios”, alimentada en el continuo diálogo con el Señor. Las Iglesias particulares y los institutos religiosos, por su parte, no duden en valorar los itinerarios formativos propuestos por las Universidades Pontificias, por la Universidad Católica del Sacro Cuore y por las demás Universidades católicas y eclesiásticas, destinando a ello con longanimidad personas y recursos. El mundo de la comunicación social debe entrar a título pleno en la programación pastoral.
Mientras os agradezco el servicio que hacéis a la Iglesia y por tanto a la causa del hombre, os exhorto a recorrer, animados por el valor del Espíritu Santo, los caminos del continente digital. Nuestra confianza no está acríticamente depositada en instrumento alguno de la técnica. Nuestra fuerza está en ser Iglesia, comunidad creyente, capaz de testimoniar a todos la perenne novedad del Resucitado, con una vida que florece en plenitud en la medida en que se abre, entra en relación, se dona con gratuidad.
Os confío a la protección de María Santísima y de los grandes santos de la comunicación y os bendigo de corazón.

4/27/10

Sacerdotes de hoy ofrecerán su testimonio y su arte

Acto organizado por los Focolares y Schönstatt ante la clausura del Año Sacerdotal

Los sacerdotes de los movimientos de los Focolares y Schönstatt, en colaboración con la Renovación Carismática Católica Internacional y otras asociaciones eclesiales, han organizado un acto con testimonios y aportaciones artísticas sobre el sacerdocio en la actualidad, en el marco de las celebraciones conclusivas del Año Sacerdotal.
El encuentro, titulado Sacerdotes hoy, reunirá, el próximo 9 de junio por la tarde en el Aula Pablo VI del Vaticano, a sacerdotes -y también a algunos religiosos, religiosas y laicos- procedentes de más de setenta nacionalidades de los cinco continentes.
El prefecto de la Congregación para el Clero, el cardenal Claudio Hummes, presidirá las vísperas con las que se concluirá la tarde.
El cardenal Francisco Javier Errázuriz, arzobispo de Santiago de Chile y ex presidente de la CELAM, ofrecerá un testimonio teológico.
Entre las personas que intervendrán se encuentran un sacerdote de Irlanda que explicará su experiencia personal sobre la fidelidad a la llamada de Dios; desde Burundi, los supervivientes a un asalto al seminario menor de Buta; y desde Alemania, un sacerdote que superó el problema de alcohol con la ayuda de su comunidad.
Otras aportaciones hablarán de la experiencia de la enfermedad; de la vida afectiva y del celibato vividos en un contexto de fraternidad.
También de la pastoral en el ambiente multicultural y multirreligioso de hoy, y, desde Brasil, llegará un testimonio de una vasta acción de evangelización junto a los laicos en el sur del país.
La parte artística estará a cargo del International Multiartistic Performing Group Gen Verde, junto con sacerdotes de distintas partes del mundo.
Las coreografías serán realizadas por los seminaristas del Centro internacional de espiritualidad de comunión Vinea mea, de Loppiano (Florencia).
El programa está dividido en tres momentos que abordan tres aspectos diferentes de la identidad de los sacerdotes hoy: “Hombres de Dios, hermanos entre los hermanos, y profetas de un mundo nuevo”.
Cada una de esas partes estará introducida por un pensamiento de Benedicto XVI (en vídeo). En la parte conclusiva, se propondrán algunos pensamientos de Chiara Lubich, fundadora de los Focolares, y del padre José Kentenich, fundador de Schoenstatt.
Durante la tarde, algunos momentos se dedicarán al diálogo de los participantes, en pequeños grupos, sobre alguno de los temas desarrollados.
El acto Sacerdotes hoy “pretende dar una respuesta, usando sobretodo el lenguaje del testimonio y del arte, a los grandes desafíos que la Iglesia y la sociedad le presentan hoy a los sacerdotes”, según los organizadores.
Podrá seguirse en directo a través de los satélites del Centro Televisivo Vaticano, en Telepace y otras redes televisivas, y también por internet.
Los sacerdotes de los Focolares y de Schönstatt también han preparado otras iniciativas, entre ellas una representación teatral dedicada al Cura de Ars, en el Aula Magna de la Universidad Pontificia Lateranense de Roma el 6 de mayo.
La Renovación Carismática Católica propone a los sacerdotes una jornada de retiro en la Basílica Lateranense el 8 de junio.
La ciudadela internacional de los Focolares en Loppiano ofrece a los sacerdotes un programa especial en los días anteriores y posteriores a los actos conclusivos del Año Sacerdotal.
Y el movimiento de Schönstatt invita a los sacerdotes a un momento de fiesta el 11 de junio por la tarde, tras la Misa de clausura del Año Sacerdotal presidida por el Papa, en el Santuario de Belmonte (Roma-Casalotti).

Programa oficial
Las celebraciones conclusivas del Año Sacerdotal tendrán lugar del 9 al 11 de junio en Roma. El programa oficial conducirá a los sacerdotes a la Basílica de San Pablo Extramuros el día 9, que tiene como tema Conversión y Misión.
Tras invocar al Espíritu Santo, el arzobispo de Colonia, el cardenal Joachim Meisner pronunciará una conferencia, seguida de adoración Eucarística con posibilidad de confesarse y una Misa presidida por el cardenal Hummes.
Al día siguiente, los sacerdotes se concentrarán en la Basílica de Santa María Mayor, con un programa similar al del día anterior, con el tema Cenáculo: invocación al Espíritu Santo con Maria en comunión fraterna.
Este día, el conferenciante será el arzobispo de Québec, el cardenal Marc Ouellet, y presidirá la Misa el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado vaticano.
Al anochecer, los sacerdotes celebrarán un encuentro en la plaza de San Pedro del Vaticano, con una vigilia con testimonios y momentos de música, un diálogo con Benedicto XVI y adoración y bendición Eucarística.
Finalmente, el día 11, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, tendrá como lema Con Pedro, en comunión eclesial.
La Basílica de San Pedro acogerá la clausura oficial del Año Sacerdotal, con una Misa presidida por el Papa.

4/26/10

Radio María España presenta su nueva imagen


Facebook, Youtube, Picasa y Twitter, nuevos aliados de su difusión

Radio María España presentó, el pasado fin de semana, durante el Encuentro Anual de Voluntarios su nueva imagen, con un mayor uso de las nuevas tecnologías que busca acercar la radio a los jóvenes.
El pasado fin de semana tuvo lugar en Salamanca el Encuentro Anual de Voluntarios de toda España de Radio María. Al acto acudieron más de 130 personas entre los que destacan Alfredo Dagnino, presidente de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) y de Radio María.
Dagnino recalcó en el encuentro la importancia y el imparable ascenso de la radio: “Me siento orgulloso de ser el presidente de esta gran emisora que no para de conquistar los corazones de sus oyentes. Cada día más y más personas sintonizan en todo el país las frecuencias de Radio María y en la actualidad, según nos han informado, hemos llegado a más de un millón de oyentes anuales”.
En el acto de Salamanca, se presentó el nuevo video corporativo que ya está alojado en Youtube, así como los nuevos proyectos que se pondrán en marcha durante este mes: la nueva web, nuevas sintonías y todo lo referente a la presencia de Radio María en las redes sociales.
Radio María cuenta con nuevas sintonías diseñadas por Manuel Pacho, de Wiwimusic, experto compositor de la radio comercial.
Entre los proyectos presentados está la nueva web (www.radiomaria.es) más útil, interactiva, de fácil acceso y conexión para todos los oyentes a través de Internet, así como las redes sociales Facebook, Youtube, Picasa y Twitter, que serán los nuevos aliados de la difusión de Radio María en la red
Todo esto se ha hecho “gracias a la generosidad de profesionales que han puesto sus conocimientos al servicio de Radio María”.
En relación a estos cambios, el sacerdote Esteban Munilla, director de contenidos, aseguró que este nuevo empuje hacia las nuevas tecnologías, acercará la radio a los jóvenes.
“Queremos –afirmó- ser la sintonía de referencia con información, actualidad religiosa, espiritualidad, entretenimiento para familias, personas mayores y jóvenes. No queremos quedarnos atrás porque evangelizar requiere ser misioneros de la fe en el mundo, con los avances y los medios que se ponen a nuestra disposición”.
Al encuentro también acudió monseñor José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, que dirigió un momento de oración con todos los voluntarios.
“No podemos olvidar –dijo monseñor Munilla- que Radio María es uno de los instrumentos de evangelización que tenemos en la Iglesia. Somos Iglesia y para ella trabajamos, también desde los medios de comunicación. Conquistar las almas desde las ondas es una tarea que todos vosotros, como voluntarios tenéis, ya marcada en el corazón. La radio acompaña, ayuda y salva en muchas ocasiones y desde la fidelidad que se nos exige, puede ser una manera de entrar en muchos hogares rotos, para llevarles a Cristo. Tenemos entre manos, una gran tarea”.
Durante el encuentro, se trabajaron varios temas sobre la organización, promoción y programación de la radio. Por medio de varios talleres y seminarios los voluntarios recibieron formación sobre cómo difundir más y mejor Radio María.
También se hizo hincapié en la Campaña de África que la Familia Mundial de Radio María ha propuesto con el fin de que, en dos años, se oiga en diez países más.
Otro de los temas en los que está involucrada Radio María es en la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud, para la cual se está formando un gran equipo de voluntariado, que estará presente en el Encuentro Europeo de Jóvenes en Santiago de Compostela, como motivo del Año Santo.
Con estos cambios, Radio María afirma que “quiere ser una radio más preparada, moderna y al servicio de la nueva evangelización”.
Radio María nació en Italia en 1987 y llegó a España en 1999. Desde entonces, el avance de la radio ha sido imparable gracias a la colaboración de 400 voluntarios en su programación y 3.000 en su voluntariado de promoción y difusión.
“Un auténtico milagro de las ondas, que se lleva a cabo sin publicidad de ningún tipo, con la ayuda exclusiva de los donativos de los oyentes”, subraya Radio María.

4/25/10

Cómo “escuchar la voz del Señor y reconocerlo”

El Papa durante el rezo del “Regina Caeli”

Qureridos hermanos y hermanas, En este cuarto Domingo de Pascua, llamado “del Buen Pastor”, se celebra la Jornada mundial de oración por las vocaciones, que este año tiene como tema “El testimonio suscita vocaciones”, tema “estrechamente unido a la vida y a la misión de los sacerdotes y de los consagrados” (Mensaje para la XLVII J. M. De oración por las vocaciones, 13 de noviembre de 2009). La primera forma de testimonio que suscita vocaciones es la oración (cf ibid.), como nos muestra el ejemplo de santa Mónica que, suplicando a Dios con humildad e insistencia, obtiene la gracia de ver volverse cristiano a su hijo Agustín, el cual escribe: “Sin duda creo y afirmo que por sus oraciones Dios me ha concedido la intención de no anteponer, no querer, no pensar, no amar otra cosa que la realización de la verdad (De Ordine II, 20, 52, CCL 29, 136). Invito, por tanto, a los padres a rezar, para que el corazón de sus hijos se abra a la escucha del Buen Pastor, y “hasta el más pequeño germen de vocación... se convierta en árbol frondoso, colmado de frutos para bien de la Iglesia y de toda la humanidad” (Mensaje cit.). ¿Cómo podemos escuchar la voz del Señor y reconocerlo? En la predicación de los Apóstoles y de sus sucesores: en ella resuena la voz de Cristo, que llama a la comunión con Dios y a la plenitud de vida, como leemos hoy en el Evangelio de san Juan: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano” (Jn 10,27-28). Sólo el Buen Pastor custodia con inmensa ternura a su grey y la defiende del mal, y sólo en Él los fieles pueden depositar absoluta confianza. En esta Jornada de especial oración por las vocaciones, exhorto en particular a los ministros ordenados, para que, estimulados por el Año Sacerdotal, se sientan comprometidos “con un más intenso e incisivo testimonio evangélico en el mundo de hoy” (Carta de convocación). Recuerden que el sacerdote “continúa la obra de la Redención en la tierra”; sepan “acudir con gusto al sagrario”; se entreguen “totalmente a su propia vocación y misión con una ascesis severa”, se hagan disponibles a la escucha y al perdón; formen cristianamente al pueblo confiado a a ellos; cultiven con cuidado la “fraternidad sacerdotal” (cf ibid). Tomen ejemplo de sabios y diligentes Pastores, como hizo san Gregorio de Nazianzo, quien escribía de esta manera al amigo fraterno y Obispo san Basilio: “Enseña tu amor por las ovejas, tu solicitud y tu capacidad de comprensión, tu vigilancia... la severidad en la dulzura, la serenidad y la mansedumbre en la actividad... las luchas en defensa de la grey, las victorias... conseguidas en Cristo” (Oratio IX, 5, PG 35, 825ab). Agradezco a todos los presentes y a todos los que con la oración y el afecto sostienen mi ministerio de Sucesor de Pedro, y sobre cada uno invoco la celeste protección de la Virgen María, a la que nos dirigimos ahora en oración. [Después del Regina Caeli, dijo:] Esta mañana, en Roma y en Barcelona respectivamente, han sido proclamados Beatos dos Sacerdotes: Angelo Paoli, Carmelita, y Josep Tous i Soler, Capuchino. A este último me referiré en breve. Del beato Angelo Paoli, originario de Lunigiana y que vivió entre los siglos XVII y XVIII, quiero recordar que fue apóstol de la caridad en Roma, llamado “padre de los pobres”. Se dedicó especialmente a los enfermos del Hospital San Juan, cuidando también a los convalecientes. Su apostolado sacaba fuerzas de la Eucaristía y de la devoción a la Virgen del Carmen, así como de una intensa vida de penitencia. En el Año Sacerdotal, propongo con gusto su ejemplo a todos los sacerdotes, en especial a los que pertenecen a Institutos religiosos de vida activa.
“Me acercaré al altar de Dios, la alegría de mi juventud”


Mensaje de la Conferencia Episcopal Española, con ocasión del X Congreso Eucarístico Nacional de España, en Toledo.




Queridos hermanos:
"La Eucaristía, presencia salvadora de Jesús en la comunidad de los fieles y su alimento espiritual, es de lo más precioso que la Iglesia puede tener en su caminar por la historia". (Ecclesia de Eucharistia, 9). Para profundizar en su conocimiento, revitalizar la celebración y la adoración eucarísticas, y vivir la Eucaristía como signo de caridad, los Pastores de la Iglesia en España os invitamos a todos a participar en el X Congreso Eucarístico Nacional, que tendrá lugar en Toledo del 27 al 30 del próximo mes de mayo. Jesucristo, que se entrega por entero en el sacrificio eucarístico, es nuestro alimento y compañía permanente, en el sacramento del amor; un amor que llega hasta el extremo y no conoce medida.
1. El X Congreso Eucarístico Nacional
La Conferencia Episcopal Española, siguiendo el itinerario marcado por su Plan Pastoral 2006-2010, cuyo título es precisamente "Yo soy el pan de vida" (Jn. 6, 35), se dispone a celebrar un Congreso Eucarístico que ayude a los católicos españoles a vivir la Eucaristía que nos dejó el Señor, con una mayor intensidad. De este modo, la contemplación, la evangelización que transmite la fe, la vivencia de la esperanza y el servicio de la caridad se fortalecerán en el pueblo cristiano.
Este será el X Congreso Eucarístico Nacional que se celebre en España. El último tuvo lugar en Santiago de Compostela, cuyo lema: "La Eucaristía, alimento del pueblo peregrino", despierta ahora para nosotros, en pleno Año Santo Jubilar, un eco especial.
El Congreso se ofrece a todos los fieles cristianos, pero los obispos españoles deseamos que llegue sobre todo a los jóvenes. Por eso, el lema está tomado del Salmo 43,4: "Me acercaré al altar de Dios, la alegría de mi juventud", para poner a los jóvenes también como destinatarios, con la Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011 en el horizonte. Las palabras del Salmo expresan así mismo que en el creyente hay un profundo deseo de paz y de unidad cuando accede a la fuente de la vida eterna, a la alegría definitiva que hace exclamar al salmista: "Como busca la cierva las corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Señor Dios mío" (Salmo 42, 3).
2. La Eucaristía, sacramento del amor
En su encíclica Ecclesia de Eucharistia, el Siervo de Dios Juan Pablo II nos invitó a vivir más intensamente el misterio eucarístico. Él convocó igualmente un "Año de la Eucaristía" para el curso pastoral 2004-2005 con la hermosa carta apostólica Mane nobiscum Domine,y el Sínodo de obispos para el año 2005, con el lema: "La Eucaristía: fuente y cumbre de la vida y misión de la Iglesia". Fue Benedicto XVI quien clausuró el año de la Eucaristía, celebró el sínodo y escribió la Exhortación Apostólica postsinodal Sacramentum Caritatis.El Santo Padre Benedicto XVI ha centrado en la Eucaristía buena parte del mensaje de sus primeros años de pontificado. Esto nos impulsa, de una manera muy especial, a considerar el amor de Dios, cuando nos pide el Papa que abramos los ojos a las maravillas que el Señor derrama sobre el mundo, y a que contemplemos su designio de salvación precisamente desde la caridad cristiana.
3. La Eucaristía en la vida de los hombres
Los hombres y mujeres deseamos encontrar una vida plena que nos satisfaga. ¿Cómo la encontraremos? Nos aflige ver el dolor del mundo, sobre todo de los más desfavorecidos. Nos apena igualmente que el deseo de vernos llenos de vida y plenitud lo busquemos tantas veces por caminos tortuosos y oscuros, que nos dejan insatisfechos y con sensación de fracaso. También contemplamos con tristeza cómo los más jóvenes, fascinados por esta sociedad del mero espectáculo, no buscan en Cristo el gozo pleno y las esperanzas cumplidas.
Estamos seguros, sin embargo, de que la vida verdadera que nos da Jesucristo nace justamente de su misterio pascual; esto es, del ofrecimiento del Hijo de Dios al Padre, cuando entrega su vida en sacrificio en la Cruz y, resucitado, ofrece a cada hombre la vida nueva, que el Bautismo inaugura, la Confirmación fortalece y la Eucaristía alimenta. He aquí la vida que se ofrece a todos; es la vida que explica y da sentido a la existencia; la que han vivido tantos discípulos de Cristo a lo largo de la historia; la que ha llevado a la vivencia del amor nupcial a los esposos cristianos; la que ha suscitado en las diversas formas de seguimiento de Cristo el testimonio de la adoración eucarística que nutre la fidelidad de los consagrados en torno a esta presencia del Señor; la que lleva a la misión cristiana y a la vivencia de la caridad y la justicia.
La Eucaristía es, además, la cumbre de la Iniciación Cristiana: se nos da la vida de resucitados como un don, se fortalece por el Espíritu Santo, y se celebra precisamente en la misma Eucaristía. Los Obispos españoles, con este X Congreso Eucarístico, invitamos a todos los bautizados a acercarse a la Eucaristía, fuente de la verdadera vida, en la que se hace realidad el anhelo del salmista: "Me acercaré al altar de Dios, la alegría de mi juventud" (Salmo 43, 4).
4. En conmemoración mía
La Eucaristía responde a los deseos más profundos que el ser humano lleva inscritos en su corazón. Así lo creemos, porque "la noche en que iba a ser entregado, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo" (Mc. 11,3 y Jn. 13, 1). Durante la cena, "tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: Esto es mi Cuerpo que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía" (1 Cor. 11, 23-24). De manera que, desde entonces, cada vez que renovamos este gesto, por el poder del Espíritu de Cristo Resucitado, el pan y el vino se convierten en su Cuerpo y su Sangre, en Él mismo, dado que hemos aprendido en la tradición de la Iglesia que en este sacramento están contenidos verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo. (Cfr. CEC, 1374).
A los que creen se les invita: "Gustad y ved qué bueno es el Señor" (Salmo 33,9). Lo gustamos comulgando, lo vemos contemplando y la contemplación nos lleva a la adoración eucarística. La fe y la confianza en aquel gesto del Señor en la Última Cena nos invita a reconocer en el Pan Eucarístico el "Cuerpo sacrosanto" de Cristo y a adorarlo incluso públicamente por las calles del mundo. Así ha dado el Señor cumplimiento y nuevo sentido a los sacrificios del Antiguo Testamento, que sin el ofrecimiento oblativo de Cristo quedan sin valor. El que es Pastor, se hace Cordero para el sacrificio; el que es Sacerdote, se ofrece como víctima; el que es Creador, se convierte en alimento de sus criaturas y da inicio a un nuevo ministerio, a un nuevo sacerdocio al servicio de su Cuerpo que es la Iglesia (Col 1, 21).
Es muy importante recordar que Jesucristo ha constituido ministros de su sacrificio a los sacerdotes para perpetuarlo, según aquellas palabras del Señor: "Haced esto en conmemoración mía". Ellos "presiden la Iglesia de Cristo y consagran el Cuerpo y la Sangre del Señor, lo mismo que en el oficio de enseñar al pueblo y predicar" (San Isidoro de Sevilla, De ecclesiasticis officiis II, 7). Los sacerdotes, en efecto, ejercen su misión siempre haciendo las veces de Cristo (Cfr. CEC 1548), pues no son dueños de lo que administran. La Iglesia pide de ellos santidad en su vida, porque de ellos reciben los fieles los sacramentos de la vida. Durante este año sacerdotal, Benedicto XVI ha pedido a los sacerdotes que sean fieles a la vocación recibida de Dios al servicio de la Iglesia y de los pobres; y ha pedido también al pueblo creyente que ore para que los sacerdotes sean una prueba de amor del corazón de Cristo y estén, de este modo, al servicio de la vida.
En medio del mundo que no conoce a Dios y que necesita conocerlo, los bautizados precisan de una fuerza y un consuelo venidos de Dios, para ser testigos del amor de Cristo, buscar la unidad en Él, evangelizar hasta el fin del mundo y ocuparse de los heridos de la sociedad, los que sufren, los más pobres. Esa fuerza y consuelo está en la Eucaristía a la que siempre nos convoca el Señor. Desde que Jesús se hiciera presente a los discípulos después de su resurrección (Cfr. Jn. 20, 19-26) y, resucitado, les explicase las Escrituras y partiese con ellos el pan (Cfr. Lc. 24, 27-31), los cristianos se han reunido convocados por Él en el primer día de la semana, para acercarse al altar y recibir como alimento el Pan del cielo. La importancia del día del Señor y de la celebración de la Eucaristía es de sumo valor: "cada vez que coméis de este Pan y bebéis de este Cáliz, proclamáis la muerte del Señor hasta que vuelva" (1 Cor. 11, 26).
5. Una ocasión para experimentar la Gracia de Dios
Con la celebración del Congreso Eucarístico, los obispos españoles exhortamos a todo el pueblo de Dios a reconocer una vez más el amor de Dios entregado a la humanidad. La Eucaristía es sacramento de vida, que Cristo nos da para entablar una relación personal con cada uno y fortalecer nuestra comunión eclesial. Debido a las dificultades propias de la vida cristiana, corremos el riesgo de desanimarnos y perder de vista el precioso tesoro del amor que el Padre de los cielos nos ha entregado en Jesucristo. Quiera Él que este Congreso reavive en nosotros nuestra incorporación gozosa al Señor, ya que la Eucaristía es para el sano, protección; para el enfermo, medicina. Señalaba san Isidoro de Sevilla que se ha de temer que quien se aleja tanto tiempo del Cuerpo de Cristo viva alejado de la salvación, puesto que Él mismo nos advierte Si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros (Cfr. De Ecclesiaticis officiis, I, 18).
El corazón de Cristo, que late en la Eucaristía con un amor inefable, es el que nos da vida e ilumina el universo entero. El secreto más profundo de la creación está en ese misterio de amor. Siguiendo el ejemplo de María, mujer eucarística, y de los mejores discípulos de Jesús, que son los Santos, nosotros queremos contemplarlo, una vez más, con el corazón renovado. En la Eucaristía está el verdadero júbilo. No queremos que este gozo quede sólo en nosotros. Anhelamos que todos los hombres y mujeres, en especial los más jóvenes, puedan experimentar en nuestros días una mayor efusión de la gracia de Dios.
Os invitamos a rezar ya desde ahora por el éxito y los frutos espirituales del Congreso Eucarístico Nacional en Toledo. Nos encomendamos a San Pascual Bailón, Patrono de los Congresos Eucarísticos, y a María, Madre bendita de nosotros pecadores, para que nos ayude a valorar la Carne y Sangre de Jesús que ella misma tuvo en sus entrañas.
Informaos en vuestras diócesis de cómo se puede participar en el Congresoo también por medio de la página web (www.congresoeucaristico2010.es)

Oración Congreso Eucarístico Nacional 2010:

Señor, Padre Santo,
que nos has preparado el alimento de la Eucaristía;
envíanos la fuerza del Espíritu
que nos haga capaces de subir al Monte Santo
donde podamos entrar en comunión con tu Hijo.

Haz que la Iglesiaguste siempre este alimento sustancial;
danos hambre de Jesucristo:hambre de su Palabra
y hambre del Sacramento
de su Presencia permanente.
Que los fieles, saciados con este alimento
y guiados por el Espíritu Santo
construyan animosos su Reino
mientras esperan la vida eterna
y preparan su venida en majestad.

Concédenos un futuro asentado en tu Eucaristía,
bendice a tus sacerdotes
y haz que nuestra Iglesia sea rica en esperanza;
llama a muchos jóvenes al sacerdocio,
a la vida consagrada y al matrimonio cristiano,
para que todos podamos experimentar
el fruto de la redención.

Que la Virgen María,
Madre bendita de nosotros pecadores,
nos ayude a valorar la Carne y Sangre de Jesús
que ella misma tuvo en sus entrañas.

Que toda la Iglesia,
contemplando el tesoro
que también ella lleva en su interior,
pueda presentar al mundo a Jesucristo
como alimento y bebida de vida eterna.

Amén.

4/24/10

“Corresponde a la autoridad tutelar el matrimonio con las leyes”


Mensaje de los obispos argentinos


Al término de su 99 Asamblea Plenaria, la Conferencia Episcopal Argentina ha hecho público este martes un comunicado dirigido “al pueblo de Dios y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad”. En el mismo, se centran en la familia y afirman que “corresponde a la autoridad pública tutelar el matrimonio entre el varón y la mujer con la protección de las leyes”.
Los obispos argentinos, en su mensaje, recuerdan que Dios estableció con el hombre un diálogo de salvación y “la Iglesia está llamada a extender este diálogo a la convivencia humana”. “La claridad del diálogo exige un discernimiento en orden a reconocer la verdad, sobre la cual los pastores no podemos callar. Esto no supone menosprecio ni discriminación”, precisan.
Así mismo afirman que la imagen de Dios se refleja “no sólo en la persona individual, sino que se proyecta en la complementariedad y reciprocidad del varón y la mujer, en la común dignidad, y en la unidad indisoluble de los dos, llamada desde siempre matrimonio”.
En este sentido señalan que “el matrimonio es la forma de vida en la que se realiza una comunión singular de personas, y ella otorga sentido plenamente humano al ejercicio de la función sexual. A la naturaleza misma del matrimonio pertenecen las cualidades mencionadas de distinción, complementariedad y reciprocidad de los sexos, y la riqueza admirable de su fecundidad”.
El matrimonio, señalan, “no es una unión cualquiera entre personas; tiene características propias e irrenunciables, que hacen del matrimonio la base de la familia y de la sociedad. Así fue reconocido en las grandes culturas del mundo. Así lo reconocen los tratados internacionales asumidos en nuestra Constitución Nacional (cf. art. 75, inc. 22). Así lo ha entendido siempre nuestro pueblo”.
Por ello, afirman, “corresponde a la autoridad pública tutelar el matrimonio entre el varón y la mujer con la protección de las leyes, para asegurar y favorecer su función irreemplazable y su contribución al bien común de la sociedad”.
Según los obispos, “si se otorgase un reconocimiento legal a la unión entre personas del mismo sexo, o se las pusiera en un plano jurídico análogo al del matrimonio y la familia, el Estado actuaría erróneamente y entraría en contradicción con sus propios deberes al alterar los principios de la ley natural y del ordenamiento público de la sociedad argentina”.
Los prelados explican que “la unión de personas del mismo sexo carece de los elementos biológicos y antropológicos propios del matrimonio y de la familia. Está ausente de ella la dimensión conyugal y la apertura a la transmisión de la vida. En cambio, el matrimonio y la familia que se funda en él, es el hogar de las nuevas generaciones humanas. Desde su concepción, los niños tienen derecho inalienable a desarrollarse en el seno de sus madres, a nacer y crecer en el ámbito natural del matrimonio. En la vida familiar y en la relación con su padre y su madre, los niños descubren su propia identidad y alcanzan la autonomía personal”.
Los obispos aclaran que “constatar una diferencia real no es discriminar. La naturaleza no discrimina cuando nos hace varón o mujer. Nuestro Código Civil no discrimina cuando exige el requisito de ser varón y mujer para contraer matrimonio; sólo reconoce una realidad natural. Las situaciones jurídicas de interés recíproco entre personas del mismo sexo pueden ser suficientemente tuteladas por el derecho común. Por consiguiente, sería una discriminación injusta contra el matrimonio y la familia otorgar al hecho privado de la unión entre personas del mismo sexo un estatuto de derecho público”.
Por ello, apelan “a la conciencia de nuestros legisladores para que, al decidir sobre una cuestión de tanta gravedad, tengan en cuenta estas verdades fundamentales, para el bien de la Patria y de sus futuras generaciones”.
Por último, en este clima pascual, y al iniciar el sexenio 2010-2016 del Bicentenario de la Patria, exhortan a los fieles “a orar intensamente a Dios Nuestro Señor para que ilumine a nuestros gobernantes y especialmente a los legisladores. Les pedimos también que no vacilen en expresarse en la defensa y promoción de los grandes valores que forjaron nuestra nacionalidad y constituyen la esperanza de la Patria”.
12 razones para la vida

García de Leániz y Javier Marrodán


Hay pocos debates con posiciones tan previsibles y rocosas como el del aborto. Los argumentos antropológicos, morales o médicos se pierden con frecuencia en el fondo de una sociedad adormecida por sus propios hábitos. Por eso, las mejores razones en favor de la vida hay que buscarlas muchas veces en los quirófanos, en las farmacias, en la puerta de una clínica abortista o en el cuarto de estar de una familia que afronta un embarazo inesperado.
1. «Han pasado 19 años desde que aborté y todavía lloro por aquel hijo»
Esperanza Puente. Madre que abortó.
Cuando aquel test de embarazo dio positivo, yo me encontraba muy sola. Era la época de la movida madrileña, tenía 25 años, había aterrizado en la capital dispuesta a comerme el mundo, y el padre de la criatura desapareció de mi vida en cuanto le comuniqué la noticia. Me sentía abandonada, tenía miedo al desprecio de la gente, y tomé una decisión que hoy me parece inimaginable: abortar.
Fue algo casi instintivo, ni siquiera sospechaba que pudiese haber alternativas. Fui a una clínica donde sabía que no iba a tener problemas. Pagué por adelantado lo que me pidieron —una cantidad generosa— y me senté en la sala de espera. Nadie hablaba en aquella estancia. Algunas mujeres murmuraban algo y sus acompañantes les tranquilizaban con expresiones del tipo “No va a pasar nada”.
Me hicieron una ecografía, pero apenas pude verla. Creo que es parte de su protocolo. Hablé con el psicólogo, firmé los papeles que me pusieron delante y me dejé llevar. Era como si me diese igual lo que hicieran conmigo, como si hubiera perdido el rumbo.
En el quirófano cometieron un error. Ya me habían operado y yo respiraba lentamente con los ojos cerrados. “No ha pasado nada”, me repetía a mí misma, tratando de convencerme. Cuando abrí los ojos vi que se habían dejado en la sala los restos de mi hijo. Fue una negligencia médica del centro, pero a mí me sirvió para caer en la cuenta de lo que había hecho. Es una imagen que se me quedó grabada para siempre.
Una vez me preguntaron qué diferencia había entre el dolor de abortar y el de dar a luz un hijo. Es algo muy fácil de explicar para quien ha pasado por ambas experiencias. En el parto, los dolores que sufres son intensos, pero momentáneos. Sabes que hay que sufrirlos, pero también sabes que después te espera una recompensa muy feliz: la de ver la cara de tu hijo.
Cuando abortas, el dolor te deja una sensación de vacío. También parece entonces que te están arrancando los intestinos, pero esta vez no hay recompensa: al quirófano entran dos personas y sólo sale una. Ese vacío es un dolor que se queda para siempre. Han pasado 19 años desde que yo aborté y todavía lloro por aquel hijo.
2. «El embrión y la madre mantienen una comunicación desde el primer día de vida»
Natalia López Moratalla. Catedrática de Bioquímica Biología Molecular.
Desde el primer día de vida, el embrión y la madre mantienen una comunicación. Un diálogo molecular que inicia el embrión al enviar moléculas que reciben los receptores específicos de la madre.
En respuesta, ella produce sustancias que permiten el desarrollo del embrión, le inyectan vitalidad, le indican el recorrido que debe seguir y el lugar donde debe detenerse para anidar.
Con esta comunicación, el embrión, mitad materno y mitad paterno, anida en una atmósfera de tolerancia inmunológica que hace que la madre le perciba como algo no propio y, sin embargo, sin señales de peligro que activarían las defensas y lo rechazaría.
Algunas células madre de la sangre del feto pasan a la circulación materna, se almacenan en la médula ósea y se dispersan en los órganos de la madre, los rejuvenecen y colaboran en la regeneración de su corazón, hígado, etcétera.
La neuroimagen ha permitido observar cómo con el embarazo el cerebro de la mujer cambia, estructural y funcionalmente, al responder a las consignas básicas que recibe del feto. Se crea en el cerebro materno, de forma totalmente natural, el vínculo de apego, que la inclina a comprender, cuidar y proteger a los hijos.
3. «Lo único que necesitaba aquella mujer era alguien que le ayudase, y bastó conmigo: un cualquiera de 21 años»
Javier López. Voluntario provida.
Se bajó de un coche negro que se había detenido junto a la puerta. Tendría unos 35 años. Yo sólo disponía de cinco segundos para acercarme a ella y para tratar de convencerle de que no entrase. Era muy poco tiempo. Menos aún si se tiene en cuenta que en aquel momento yo era un cualquiera de 21 años que había terminado 3º de Publicidad y Relaciones Públicas en Pamplona y que llevaba sólo unos días en Nueva York. Pero había que intentarlo. Por eso, Ignacio y yo fuimos rápidamente a su encuentro.
La mujer estaba ya en la primera puerta cuando llegamos a su altura y empezamos a decirle todo lo que se nos pasaba por la cabeza: “Tenemos ayuda gratis”, “Tú no quieres esto para tu bebé”, “No es tu última opción”, “El niño te querrá”... Eran más o menos los argumentos que nos habían repetido en Expectant Mother Care (EMC), la organización provida con la que acabábamos de empezar a colaborar. Ella continuó hacia la segunda puerta como si no nos escuchara. Nosotros insistíamos, aunque pensábamos que no había mucho que hacer.
Cuando ya tenía agarrado el pomo de la puerta, se detuvo mirando al suelo, dubitativa. Después levantó la vista y nos miró a nosotros. Luego a la puerta. Y se puso a llorar. “¡No entres!”, le pedimos. Se quedó inmóvil, llorando. Estuvo así durante casi diez minutos, hasta que soltó el pomo y vino hacia nosotros.
Sus ojos eran un poema, suplicaban ayuda. Ella sabía que en su interior había un niño, pero estaba sola, desesperada, sin dinero. Nos abrazó mientras reía y lloraba a la vez. Lo único que necesitaba era alguien que le ayudase, y bastó conmigo: un cualquiera de 21 años. Nuestra jefa en EMC la llevó a una casa de maternidad, y después supimos que esperaba gemelos y que estaba muy feliz, que sólo la desesperación le había llevado hasta la puerta de aquella clínica.
Cuando me confirmaron que no iba a abortar, en vez de sonreír de oreja a oreja me quedé aturdido: un tío de 21 años, que sale tres veces por semana, que aún estudia en la universidad, que lo único que quiere es irse con los colegas, que es más vago que nadie, había conseguido que una mujer no abortara.
Uno piensa que una historia así es algo que sucede en las películas; que hay unos pocos “elegidos” por ahí que se encargan de ayudar a los demás. Y de elegido nada: un chico de 21 años se puso delante de una chica y le dijo unas pocas palabras. Eso era todo lo que ella necesitaba en aquel momento.
4. «Estaba operando a una embarazada de veinte semanas y la niña tuvo fuerza suficiente como para darme una patada en la mano»
Carlos Larrañaga. Ginecólogo.
Durante el embarazo, las mujeres gestantes pueden padecer una complicación que se denomina “incompetencia cervical”. Consiste en que el cuello del útero se dilata sin contracciones. Es un fenómeno que se suele producir cuando aún faltan muchas semanas para el parto.
Antes, cuando ocurría esto, el embarazo se abandonaba a su suerte. Se administraba a la mujer alguna medicación, pero la eficacia del tratamiento era muy relativa. Hace unos años, algunos ginecólogos pensaron que el problema se podría afrontar mediante un cerclaje de urgencia: se trataba de reintroducir la bolsa amniótica en el útero y cerrar a continuación el cuello del útero con una especie de cinta.
Es una técnica que en su momento fue calificada de “heroica” por algunos profesionales de la ginecología. Nuestro grupo aprendió el procedimiento y hemos realizado ya bastantes cerclajes de urgencia. La operación le supone a la madre un ingreso prolongado y mucha medicación. Algunas mujeres tienen que hacer después rehabilitación.
En una ocasión, yo estaba practicando una de estas intervenciones. Era un embarazo de unas veinte semanas. Cuando separaba las membranas para llevar a cabo el cerclaje, la niña tuvo la fuerza suficiente como para proporcionarme una patadita en la mano. Fue como un escalofrío que viajó desde mis dedos hasta la columna. Nunca olvidaré la chispa de vida que tiene un feto de veinte semanas.
5. «Decidimos que íbamos a dar a nuestros clientes argumentos comprensibles, y que les íbamos a sugerir otras alternativas»
Rocío Moncada. Farmacéutica.
Hace un tiempo entró a nuestra farmacia un chico joven. Estábamos en el mostrador mi auxiliar y yo. El chico se acercó a la auxiliar y le pidió varias cosas. Ya al final, añadió: “Y déme también una caja de la píldora del día después, por favor”. Mi auxiliar le dio todo, incluidas las píldoras. Yo había asistido a la escena e intenté hacerle al chico alguna pregunta de tipo “disuasorio”, pero mi auxiliar cerró rápidamente la venta y el chico se marchó.
El caso ilustra algunos de los problemas de conciencia que se nos plantean en las farmacias desde que la ley nos obliga a ofrecer la píldora del día después. La pregunta que a veces hacen los clientes ya no es: “¿Qué me ofrece para evitar un embarazo?”, sino otra un poco más sutil: “Puede que mi relación termine en embarazo, ¿tiene algo para evitarlo?”.
Ocurre además que para trabajar en equipo en una farmacia ha de haber una unidad de acción. Si tenemos un excedente de un jarabe contra la tos, todos nos pondremos de acuerdo para recomendar ese producto y no otro. Con la píldora del día después debería pasar lo mismo, pero se añade un problema de conciencia.
Después de la visita de aquel chico, me dediqué a buscar información para hablar de la “ética de la vida” tanto a mi auxiliar como a otros clientes que pidieran lo mismo. Quería argumentos sólidos, pero explicados de forma sencilla y breve, algo que pudiese transmitir a un cliente en dos o tres minutos. Lo que tenía claro es que no podía limitarme a decir: “Mire, no voy a venderle la píldora por mi objeción de conciencia”.
Lo que buscaba era dar a las personas que demandan la píldora una atención farmacéutica adecuada, algo que les ayudase a reconducir su salud. Pretendía proporcionarles alternativas a la píldora: que dispusieran de otros recursos y de otras posibilidades. El que pide la píldora está pidiendo algo que va contra la apertura a la vida. No podemos considerarlo una terapia puesto que esa persona no está enferma, no ha perdido la salud.
Hablamos de todo esto en nuestra farmacia y vimos que podíamos apoyarnos unos a otros, de modo que los clientes no se fuesen acto seguido a otra farmacia en busca de la píldora del día después. Decidimos que nos iban a encontrar siempre dispuestas a atenderles: que les íbamos a dar argumentos comprensibles y que les íbamos a sugerir otras alternativas en su relación con las chicas.
El chico del que he hablado al principio volvió pocos días después de su compra. Hablamos con él y decidió devolver la caja que había comprado y plantearse de un modo distinto su trato con las chicas. Ahora es un cliente habitual.
6. «Enseñé una ecografía de pocas semanas a quienes me habían aconsejado abortar, pero no quisieron verla»
Isabel Roa. Madre soltera.
Han pasado poco más de dos años, y mi vida, desde que confirmé que estaba embarazada, ha experimentado un cambio vertiginoso. En principio, el mundo se me vino encima, mis planes de futuro se desmoronaron. Todo eran dudas. ¿Cómo iba a decirlo en casa?
Soy la segunda de diez hermanos y me preocupaba el mal ejemplo que daba a los pequeños. Cursaba entonces 5º de Ingeniería Industrial y busqué apoyo en mis compañeros, pero mi angustia aumentaba con sus comentarios: con un niño no iba a terminar la carrera, no iba a encontrar trabajo, mis padres me darían la espalda... La solución que me proponían era abortar. Me ofrecían dinero, nadie se enteraría.
El círculo se iba cerrando y yo me ahogaba, no quería matar a mi hijo. Había vivido con ilusión los embarazos de mi madre desde el primer día y no me convencían sus argumentos, aquellas células eran una vida humana, eran mi hijo. Me di cuenta de que cinco años de noviazgo se esfumaban y que tendría que asumir yo sola la responsabilidad de mi hijo. Necesitaba ayuda para seguir adelante y se lo conté muy pronto a mi madre.
Una de mis mayores sorpresas fue que quienes pensé que me iban a apoyar me rechazaron y, en cambio, me ayudaron no sólo mis padres y mis hermanos, que ya lo esperaba, sino también muchos amigos suyos y la directora y compañeras de la residencia de Oscus donde vivía desde hacía unos meses.
Mi preocupación era ilusionarme con mi hijo. Enseñé una ecografía de las primeras semanas a los que me aconsejaban abortar. Se notaban sus bracitos, sus piernecitas, pero ellos no miraban porque no querían ver. Si no tenía sentimientos —decían—, daba igual matarle. Eran ellos los incapaces de sentir nada, de emocionarse ante una nueva vida, yo lo iba logrando poco a poco, a pesar del miedo.
Cuando tuve a mi niña entre mis brazos me di cuenta de que tenía que esforzarme, porque su futuro dependía de mí. Cuando Elena tenía cuatro meses empecé a trabajar de programadora y terminé Ingeniería Superior. Elena está rodeada de cariño y llena mi vida de risas.
Con dieciocho meses, habla a media lengua y, mientras escribo estas líneas, corre con mis hermanos contando hasta ocho y diciendo: “Toca a mí”. Es cierto que me gustaría formar una familia con muchos hijos, pero no le doy vueltas a la cabeza porque, de momento, mi futuro es mi hija y vivo para ella.
7. «En un Estado de Derecho, la personalidad de cualquier 'viviente humano' no debe otorgarse arbitrariamente sino protegerse respetuosamente»
Rafael Domingo. Catedrático de Derecho Romano.
Conceder el estatuto jurídico de persona sólo a partir del nacimiento es tan cómodo para los legisladores como injusto para la humanidad. Tuvo su lógica, decenios atrás, cuando poco se conocía del desarrollo humano en su fase embrionaria. El argumento jurídico que se esgrimía entonces para negar la personalidad al nasciturus era su falta de identificabilidad.
En nuestros días, sin embargo, los legisladores han de dar un paso más, en la medida en que los embriólogos son ya capaces de identificar plenamente la existencia de un viviente humano desde la fecundación de un óvulo por un espermatozoide, así como de controlar escrupulosamente su evolución desde la fase de segmentación, formación del blastocisto, implantación, periodo embrionario, fetal, etcétera, hasta su nacimiento.
Por eso, en un Estado de Derecho consolidado, la personalidad de cualquier “viviente humano” no debe otorgarse arbitrariamente, sino más bien reconocerse respetuosamente. Aquí se funda el concepto jurídico de dignidad humana, centro de todas las constituciones avanzadas. Actuar de otra forma supone abandonar a quien no puede protegerse por sí mismo. Y esto es contrario al más elemental principio de solidaridad, que ha de informar toda sociedad democracia en el siglo XXI.
8. «Cuando rompió a llorar, supimos que la vida que latía en su interior estaba salvada»
María Garay Bascarán. Voluntaria provida.
Se llamaba Magdalena, era dominicana y tenía 31 años. Cuando apareció en la oficina del South Bronx donde Mercedes Robles y yo colaborábamos como voluntarias, se había sometido ya a cinco abortos. Tenía además una hija de siete años. El lema de Expectant Mother Care es “Free Abortion Alternatives” y algunas mujeres creen que la organización ofrece abortos gratuitos.
Quizá fue eso lo que creyó Magdalena. Mientras rellenaba el formulario pertinente, ya nos dimos cuenta de que el suyo era un caso complicado. A pesar de todo, le hicimos la pregunta: “Esto... Usted..., ¿sabe qué es el aborto?”. La cara con que nos miró lo decía todo. ¡Cinco abortos! Le pusimos un vídeo que se titula La dura realidad.
Es un documental en castellano que llega hasta lo más hondo del corazón. O eso pensábamos Mercedes y yo. Magdalena, sin embargo, lo vio sin inmutarse. Continuamos hablando con ella y, al cabo de unos minutos, no sé si por algo que le dijimos, rompió a llorar como si nunca antes lo hubiera hecho. Y en ese mismo instante supimos que la vida que latía en su interior estaba salvada.
Le enseñamos fotos, le dimos información y le explicamos todas las ayudas que tenía a su disposición. Me dejó muy pensativa algo que nos comentó ella: “En este lugar hay algo especial. Aquí hay demasiada alegría como para que esto esté relacionado con algo tan malo como el aborto. La verdad es que no sé cómo he acabado aquí”.
Liz, nuestra jefa, le dijo: “Tendrás a alguien allí arriba que cuida de ti”. La cara de Magdalena cambió entonces por completo, su mirada se iluminó: “Claro que sí. Mi mamá está allí arriba y me está haciendo ver que ya basta de hacerme daño”.
Aquella escena permanece muy grabada en mi memoria. Creo que es una de esas experiencias que de alguna manera marcan tu vida. De todos modos, nunca pensé que el final feliz de la historia de Magdalena fuese un trabajo mío. Yo simplemente tuve la suerte y la oportunidad de estar precisamente ahí.
9. «Álex nos ha enseñado a ser mejores personas, a ver la vida como nunca antes la habíamos imaginado»
Anna Oromí. Madre de un niño con síndrome de Down.
Nuestra vida ha cambiado en muchos aspectos desde el día en que el ginecólogo, en una visita rutinaria, nos comentó que Álex, el hijo que esperábamos, podía tener síndrome de Down. Fue un choque seguido de una sensación de incertidumbre: no sabíamos qué podía pasar, cómo sería el futuro. Teníamos ya otro hijo, Marc, de tres años.
En aquellos días, mi marido y yo rezamos y pedimos luces para saber qué hacer en cada momento. Nos pusimos además en contacto con familias que tenían un hijo con síndrome de Down y que habían pasado por tanto por la misma situación. Nunca olvidaré la felicidad que descubrí en las caras de aquellas personas. Algunas nos acogieron como si nosotros también formáramos parte de su familia. Fue algo que nos ayudó muchísimo.
El embarazo transcurrió bien. Nos dedicamos a leer libros sobre el síndrome de Down para recibir a Álex lo mejor posible. Tuve que hacer algunas visitas al cardiólogo, ya que el niño tenía un problema de corazón. Comentamos la noticia con amigos y conocidos y surgieron conversaciones que creo que nos hicieron reflexionar a todos.
Y llegó el nacimiento. Álex llenó de felicidad nuestras vidas desde el primer momento. Nos ha enseñado muchas cosas, es una personita muy especial, de la que aprendes continuamente. Lo principal es que nos ha enseñado a ser mejores personas, a ver la vida como nunca antes habíamos imaginado.
Como madre, creo que no tengo ningún derecho de privar a un hijo de vivir su vida. Tengo que darle la oportunidad de que tenga una vida plena y feliz, con limitaciones, sí, ¿pero quién no las tiene? Los padres no elegimos niños a la carta sino que, cuando llegan, los aceptamos como son. ¿Acaso no querríamos igual a un hijo que ya tenemos si se quedara en silla de ruedas? ¿Lo íbamos a matar por ello?
Quizá lo que ocurre es que acabamos pensando demasiado en nosotros mismos: nos planteamos si seremos o no capaces de tirar adelante, y eso nos preocupa más que la vida de una persona minúscula y desprotegida que, sin embargo, es nuestro hijo.
10. «No hay nada que enriquezca tanto la vida como tus hijos: tú cambias y evolucionas con ellos»
Mercedes Donoso. Madre de una niña con síndrome de Down.
No puedo decir que el 15 de octubre de 2007 fuera uno de los días más felices de mi vida. Yo había esperado con tranquilidad el nacimiento de Teresa, nuestra sexta hija, y la noticia de que tenía síndrome de Down fue un auténtico mazazo.
Nunca me había hecho la amniocentesis, creo que no es justo realizar un proceso de selección sobre tu propia descendencia. Cualquier hijo es recibido en nuestra casa, aunque eso no significa que deseemos que los peques vengan con dificultades. Aquel 15 de octubre fue el único día de mi vida en el que he necesitado una pastilla para dormir.
Han pasado dos años, y qué diferente es la realidad de ahora de los miedos de entonces. Hemos conocido a profesionales que nos han ofrecido ayuda y consuelo. Hemos descubierto un mundo que existe, que está ahí fuera, lleno de padres y madres que un día vieron cómo sus expectativas de ampliar la familia volaban por los aires, y que sin embargo están orgullosos de estas criaturas que nos enseñan que el esfuerzo tiene siempre una recompensa. De estas criaturas que proporcionan alegrías impagables.
Después de Teresa tuvimos otra hija: Reyes. Mucha gente me preguntó si me iba a hacer la amniocentesis, y algunas personas hasta me dijeron que era una irresponsable por no querer saber. Siempre contestaba lo mismo: “¿Cómo se puede pensar que voy a interrumpir un embarazo por tener otro hijo con síndrome de Down?, ¿qué les digo a mis hijas?, ¿cómo les explico que he eliminado al bebé de mi tripa porque era igual que Teresa?”. Ellas, con toda la lógica del mundo, me habrían preguntado: “¿Y qué tiene de malo Teresa?”.
Los hijos te complican la vida. Y un hijo con discapacidad, aún más. Pero no hay nada que enriquezca tanto la vida como los hijos. Tú cambias y evolucionas con ellos. Y si ves que uno tiene una dificultad añadida, y que se esfuerza por superarla, luchas junto a él. Y eso hace que los pequeños logros se conviertan en grandes triunfos, y que todo merezca la pena.
En nuestra familia, Teresa nos ha enseñado a todos a ser más tolerantes, más respetuosos con el prójimo. Nos ha hecho más conscientes de las dificultades que tienen tantas personas. Es indignante mirar el rostro de nuestra hija, ver cómo se esfuerza por dar sus primeros pasos, observar cómo juega con sus hermanas, escuchar cómo balbucea unas pocas palabras, admirar su sonrisa, su deseo de agradar y de ser querida, y saber a la vez que está incluida en un listado de una absurda ley que la presenta como material de desecho.
11. «Quizá tardemos en verlo, como tardamos en ver la abolición de la esclavitud, pero en ambas coyunturas está en juego qué significa ‘ser humano’»
Jaime Nubiola. Profesor de Filosofía.
Hay quien ha buscado paralelismos entre la superación del aborto en el siglo XXI y la abolición de la esclavitud a lo largo del siglo XIX. No es una comparación exagerada. Todos los que hayan visto la estupenda película de Michael Apted Amazing Grace habrán pensado probablemente en el parentesco que une ambas tropelías.
En medio de la opulencia del Imperio Británico de finales del siglo XVIII, cuya riqueza se basaba, al menos en parte, en el tráfico y posesión de esclavos, sólo unos pocos alzaron su voz en favor de la abolición de la esclavitud. Nuestra avanzada sociedad occidental —que se enorgullece legítimamente de sus formidables logros democráticos— pone ahora toda su maquinaria legal e institucional en favor del aborto y son sólo unos pocos quienes dicen que se trata de un trágico error.
España fue lenta en la abolición de la esclavitud. Hubo que esperar hasta 1880 —¡hace sólo 130 años!— para su prohibición en Cuba. De hecho, uno de los argumentos esgrimidos por los norteamericanos para su intervención en 1898 fue el de la efectiva liberación de los esclavos de la isla. Hoy nos llama la atención que nuestros tatarabuelos —sólo cinco generaciones— fueran tan ciegos para lo obvio: nadie tiene derecho a tener esclavos.
Algo parecido ocurre en el presente. El núcleo del problema es el embarazo no deseado, el hijo no deseado, que es visto como un intruso y que, como es el más débil, es legalmente eliminado. Habría que poner, en cambio, toda la maquinaria del Estado al servicio de las mujeres embarazadas que no quieren recibir a la criatura que se está gestando en sus entrañas.
Habría que darles motivos (y también recursos económicos) para que desearan seguir adelante con su embarazo, y para que —si no lo quisieran o no lo pudieran recibir— entregaran después en adopción a sus hijos a tantas mujeres que querrían ser madres y no pueden.
De todos modos, cuántas veces es el padre de la nueva criatura quien la rechaza, y la mujer recurre al aborto para no ser a su vez rechazada. Al menos en estos casos, está claro que ese supuesto derecho al aborto es la culminación del viejo machismo represivo.
Algunos gobiernos quieren universalizar un supuesto “derecho al aborto” en favor de todas las mujeres, independientemente de su edad, condición y recursos económicos. Sin embargo, así como nadie tiene derecho a tener esclavos, nadie tiene derecho a matar la vida que germina en el seno de una mujer. Quizá tardemos en verlo, como tardó la abolición de la esclavitud. En ambas coyunturas está en juego qué significa “ser humano”.
12. «La paradoja es brutal: la más refinada cultura de los derechos humanos convive hoy con la mayor matanza de la Historia»
Alejandro Navas. Profesor de Sociología.
Cuando se debatió en el Parlamento alemán la legalización del aborto, el diputado socialista Adolf Arndt advirtió de que esa medida equivalía a la capitulación del Estado de Derecho, que había consistido precisamente en el sometimiento voluntario del más fuerte al imperio de la ley.
En todo grupo humano, pequeño o grande, surge algún tipo de gobierno, si es que el colectivo aspira a durar en el tiempo. Si el grupo se abandona a la espontaneidad natural, se impone el más fuerte, que fácilmente puede tender a oprimir a los demás.
Durante siglos de evolución social y política hemos ido generando procedimientos para regular tanto el acceso como el ejercicio del poder, de modo que se someta a reglas y se asegure la protección de los débiles. Esta evolución culmina en el Estado de Derecho: elección democrática de los gobernantes, separación de poderes, imperio de la ley.
Ya no estamos sometidos al capricho del soberano, pues también este debe cumplir con el ordenamiento legal. Supuesto que se admita —lo que es mucho admitir— que entre la madre y el feto se da un insuperable conflicto de intereses, no deja de ser terrible que la solución sancionada por la ley sea la muerte de la parte más débil, el feto, a manos justamente de aquellos a cuyo cuidado está entregado.
El seno materno, lugar acogedor y seguro por excelencia, se convierte así en una trampa mortal. El aborto ya es hoy la primera causa de muerte en el mundo. La paradoja o incoherencia resulta brutal: la más refinada cultura de los derechos humanos y del aprecio a la dignidad de todos va de la mano con la mayor matanza de la Historia —en torno a mil millones de abortos en el mundo en el último siglo—. Los débiles vuelven a quedar a merced de los fuertes en este retorno imprevisto de la ley de la selva.